sábado, 30 de abril de 2011

MORITAS COCINADAS


Hace como novecientos días atrás pensé que el mundo se me iba a derrumbar en un en un piso opaco y lleno de cosas tristes. Arroje mi dignidad a los perros callejeros hambrientos y la despedazaron de una forma sorprendente, casi irreal, fieramente canina. Había perdido mi esperanza, mis dos o tres sentimientos mas sinceros y muchos domingos con sus pétalos azulados de terciopelo. Nunca me han gustado los puntos medios y las aguas tibias en mi vida, solo proporcionan malestar y ganas de trasbocar. Quiero lo suficiente y no se odiar.Me queda grande. Soy demasiado estúpido o noble, lo que a determinación del que quiera opinar.

Soy una catarata de respuestas contradictorias, pero de corazón con una única respuesta. Me encanta querer mucho y estar entre nubes por ratos. Me gusta alternar mis miedos con ilusiones y sentir que el corazón lata mientras vislumbro mis días con una sonrisa dibujada en el rostro y en el hígado (como Elizabeth Gilberth). Uno mis letras, mis días inconclusos, mis bostezos de medio día, el hambre atroz de sorpresas permanente y las dos veces en que suelo no ser cobarde. Me encanta esta levedad…

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