jueves, 21 de abril de 2011

CUANDO ERA DIBUJANTE


Cuando era niño, recuerdo que mi pasatiempo era dibujar. Hacia garabatos en paredes, en pupitres, hojas abandonadas o en el cuaderno de tareas (quien no rayo el cuaderno de tareas?). Hacia rayones que pronto se convirtieron en siluetas y después en conocidas figuras.
Era una forma de escapar del aburrimiento que me rodeaba (sufro de atención dispersa) en la convivencia con mis compañeros de mi misma edad, situación que me obligaba a treparme en discusiones mas penosas con niños y gente mas grande abriendo mis opiniones a planos mas precoces. Dibujaba cosas que veía o me imaginaba. Arboles, balones, superhéroes, jugadores de futbol y muchos rostros, familiares o extraños. Preferiblemente extraños.
También recuerdo que mi padre vio esos rayones y decidió darme un libro de técnicas de dibujo, un cuaderno para pintar y un muñeco de madera para hacer figuras humanas dentro de ciertos esquemas y teoremas gráficos y de perspectiva. Tomaba el muñeco y ponía en el papel figuras que provenían de mi cabeza y que daban buenos resultados que iban directo a mi abuelita o a mi madre con un te quiero y mi firma infantil o se disolvían en mis manos y terminaban en la caneca de la basura. Recuerdo que se me facilitaba mucho los rostros y el cuerpo en general, pero que las manos siempre fueron mi lio. La lirica creadora creo que allí genero sus mayores dificultades cuando de crear al hombre correspondió.
Dibuje mucho, hasta una pared de mi cuarto fue incursionada por mi parte cuando estampé un gallo Claudio creado a partir de una minúscula cuadricula y proyectada gracias a las enseñanzas a mi profesor de artes graficas del filosofado del centro don Bosco.
Fue una época genial porque cuando mi madre trabajaba, a los concursos que hacia la empresa acudía y al final de la jornada era el orgullo y tesoro mas preciado de ella. No era un genio, ni un Picasso, ni nada por el estilo, pero hacia las cosas con amor y por gusto, y cuando uno hace las cosas por estos dos motores de vida salen particularmente bien.
Ya hace años que ese habito de infancia se aparto de mis días y llegaron otros no tan nobles, ni tan productivos. Recordé esos días porque soy una persona desorganizada en todos los aspectos de la vida y como estamos en una época de reflexión y recogimiento, decidí organizar mis cosas, mis recuerdos, mis pasados, mis amores, mis muchos desamores, mis fortalezas, mis debilidades, mis miedos, mis aciertos y finalmente los cajones de mi closet.
Para el que no lo conoce, en mis cajones hay chécheres viejos, cargadores de celulares viejos, medallas de baloncesto (jugué en colsanitas, mírame bien), trofeos de concursos de ensayos en el colegio, las togas de mis pocas graduaciones, papeles, copias, revistas, artículos de periódico viejo, una lata de cerveza del día en el hombre que nos regalaron en el colegio y muchos muñecos de infancia.
Mire todo eso y entre intentos de ser diligente a la hora de asear (soy malísimo para eso, odio eso), me encontré con una revista que alguna vez una persona me regalo. En si no es tanto una revista, en si es un almanaque que alguna vez esta persona siendo mi novia en esa época compro en el museo de New York y que en el mismo se compilan obras de Gustav Klimt, Joan Miro, Mark Rothko, Roy Lichtenstein, Henri Roussen, Pablo Picasso, Edward Hopper entre otros. Esta fue creo la ultima vez que dibuje algo en mi vida, a excepción de los garabatos que se hacen en cátedras aburridas y materias de relleno en la universidad.
Organice todo y hasta bonito quedo el repertorio de mis artículos utiles-inutiles y me llevaron a la pregunta que irremediablemente y después de toda esta antesala llega: ¿Por qué no seguí?, ¿Por qué no dibujo más? Y mi respuesta es frágil como una conversación en un bar pero al mismo tiempo tan fuerte como los lazos que me unen a los que amo: porque no quiero retratar con caracteres visuales lo que veo. Solo eso.
Ahora las pautas de diseño para mi han cambiado. Me agolpo en las letras para retratar lo que veo sin esquemas pictográficos estables y fijos. Hablo de lo que creo esta a mi lado sin pensar el las pinceladas que se afloren o los tonos en el que estén situadas las palabras. Veo el mundo desde los ojos no ya de u niño, sino de un hombre que vive, siente, ama, odia y en las noches sin luna, tiene miedo. Me ubico en el lienzo que proporciona la vida y es allí como saco a flor mis ideales y lo que sin duda esta en lo mas profundo de mi corazón.
Cambie los colores por el lápiz y el papel, quien sabe si mas adelante cambie por algo más…

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