miércoles, 10 de abril de 2013

YO NO CREO EN LA PAZ






Todos queremos tener paz, empleos bien remunerados, una novia hermosa, un amor para toda la vida, una casa inmensa, un auto de último año y una vida en el sentido estricto de la palabra apacible y feliz. Todos queremos esa fabula de la vida perfecta y creemos que con levantarnos cada mañana a buscar eso, estamos y estaremos bien. Son ese tipo de organigramas que le imprimimos a nuestras vidas, solo por que es lo correcto. Lo bueno. Lo inmediatamente factible y así, en ese orden de ideas,  el día de ayer la ciudadanía de mi país se agolpo en las calles pidiendo la paz.





No es que no sea partidario de que haya paz. De que en los campos haya un ambiente de tranquilidad y bienestar propicio para el desarrollo y la producción. No. Solo que no me parece que eso que llaman  paz sea tan factible como amplia y tozudamente lo exponen en la televisión y demás medios de subordinación. No se, no me parece tan fácil. No se si solo me pasara a mi, pero cuando hablan de mesas de negociación, de lo que unos pocos dicen entre egos en cuba, me siento ajeno, extraño, como extranjero. Me siento ajeno a lo que en la habana se cierne como negociación y bastante distante de personajes que han estado involucrados en un sin fin de masacres, desfalcos tributarios, shows mediáticos, proyectos de reelección y demás falacias que se  fraguan desde opulentos escritorios y que los sufren los mas pobres. Esos que leen menos, ven más televisión y piensan que la paz es simplemente oprimir el botón “Reset” y esperar a que vivamos felices comiendo perdices.





Para mi este país lo maneja el demonio. Satanás en pleno que instaurando cortinas de humo azufrado, logra tapar la conciencia de millones, que, con un pañito de agua tibia, va dándole solución a los innumerables problemas que genera una sociedad sin equidad, sin oportunidades y con el cáncer de la corrupción en plena metástasis. Somos un pueblo sin memoria que se enorgullece por pendejadas. Un pueblo que va olvidando atrocidades y  delitos de los dirigentes desfalcadores  sacando el pecho por el resultado de un partido de futbol de la selección Colombia, un reality donde la prepago de moda se acuesta con el imbécil de momento o la telenovela mexicana de la tarde.






Somos lastimosamente un compendio de arrimados, que sacamos el pecho por nimiedades, como ser el segundo mejor himno de mundo, el país mas feliz (la frase mas imbécil jamás dicha), el mas rico en flora y fauna (regalándolas  a precio de huevo  a las multinacionales), como si estas solemnidades baratas hubiesen sido entregadas alguna vez o el mundo las tuviera en cuenta como referente en algún momento y no como una broma mas de los países en vía de desarrollo. Somos un país de mujeres operadas desde los quince años para seguir surtiendo la galería de objetos sexuales de hombres que como paradigma estúpido adoptan el machismo y no las valora por lo que son y no por sus genitales y glándulas mamarias.  Somos una horda de zombies alienados por los medios de comunicación y grupos alzados en armas  que nos callan las ideas y dicen batallar por nosotros.  Porque eso son las FARC, los paramilitares, los políticos, los sindicalistas, los curas, los narcotraficantes y los medios de comunicación actuales (esos que se escandalizan de cualquier cosa qu pase en venezuela, pero que jamas dijeron nada en la tirania de Alvaro Uribe Velez y que ahora le sirven de vitrina): tiranos déspotas y excluyentes de mentes somnolientas como la nuestra.





Somos un país que se indigna porque  un cantante se equivoque en  una estrofa del himno nacional, pero que se hace el de la vista gorda ante un pobre campesino mutilado en sus manos, solo por defender el legitimo derecho a no morirse de hambre, mientras unos pocos se  jactan de vacacionar en Miami e imponen la imagen de Juan Valdez, como el ídolo utópico de los cafeteros campesinos ante el ciego mundo. Somos así,  digo somos porque también naci en este territorio tan bonito, pero tan desangrado por los lastres carroñeros que lastimosamente somos los colombianos. Un país lleno de cosas, pero falto de ideas proactivas y solidarias, donde el egoísmo impera y la falta de sentido de pertenencia es la constante. Un infierno con oasis mentales que solo sirven para masturbar el ego de los que con poco se ufana de poseer el mundo.





Un país donde no se entiende como hay niños guajiros muriendo de inanición en departamentos tan ricos y con regalías multimillonarias como la guajira. Un país que con oro, carbón y demás riquezas naturales no ha podido acabar con los problemas del 40 %  de la población que vive en la pobreza extrema (menos de dos dólares diarios) y el 32% de la miseria (personas que viven o sobreviven con menos de un dólar diario). Por eso y por millones de razones más,  pienso que la paz no se dará  por medio de marchas, pañuelos blancos y demás manifestaciones civiles, que, aunque altruistas y positivas solo logran tapar el trasfondo que interfiere la paz y que es más destructivo que las armas: La inequidad social. Porque si bien la disposición del país dice una cosa, la realidad nos demuestra que la paz con hambre, con un sistema excluyente, un gobierno arrodillado al sistema bancario y unas leyes ciegas y  bursátiles es imposible.





Esta es mi razón de no haber marchado ayer, porque como bien decía mi abuelita: “eso es hacerle morcillas al diablo” .



lunes, 1 de abril de 2013

BURBUJAS DE JABÓN


Se van formando burbujas de colores por el firmamento y las cargas propias de una existencia sin rumbo ni fin, se van aligerando con cada paso que se toma en la marcha. Los problemas matutinos se van dilucidando en medio de faroles tenues y vallenatos que rememoran los viajes que de niño hacia a la finca materna, donde la inocencia era el único pasaporte valido, para poder disfrutar de un juego de futbol con los primos y nadar a la orilla de las quebradas.




La vida no es una fabula solitaria y esos instantes de ermitaño, se cambian por trayectos llenos de sueños y una mano apretando las ganas de querer ir al infinito o mas allá. Un sueño inmerso en oasis clavados en desiertos peruanos, que hoy se materializa por la buena voluntad de un santo nuevo que esta estrenando milagros y que hoy pone  en mis días un ápice de felicidad, entre mis divagaciones dispersas. Un momento de bienaventuranza en medio de una semana santa llena de escapismo, hamburguesas caseras y besos en cantidades industriales.




Hay algo diferente en el ambiente. Un nuevo murmullo que se levanta desde la penumbra para enseñarme que todo puede estar mejor. Que los cuadros grises no siempre son tan bonitos e inquietantes, y que vale la pena seguir, soñar y darse oportunidades sin casco, coderas y rodilleras de protección. Es una nueva sensación. Algo así como cuando de niño corría detrás de burbujas de jabón, para hacerlas explotar sin saber el porque, ni interesarme en el como.




Un buen pronostico del clima dentro de la vida paranoica de un existencialista,  que escribe por lo general en medio de vendavales y que hoy lo hace con el sol en todo su esplendor. Un buen síntoma que se siente y se exterioriza en letras arial doce, así no le importe a nadie. Una reflexión mas, mientras entre versos, bibliotecas y palabras se va dando una batalla más, que saliendo enfurecido desde mí trinchera me dispongo a luchar. Se avecina el amor.