jueves, 26 de septiembre de 2013

BOCANADAS DE AIRE






 
Cuando uno se interna en la dispendiosa y masoquista labor de exteriorizar  en letras lo que se piensa y lo que se siente sobre todo este contexto ambiguo llamado vida, cae en la cuenta de que lo que se palpa, no solo es lo que los demás acotan sobre nuestras existencias, sino que nuestros propios ojos inquisidores se ponen al tanto de nuestros actos y van dando en el, o los clavos que de cada acción que ejecutamos se desprenden.  Uno se va haciendo consiente de cada cicatriz, cada huella, cada llaga y cada enmendadura que tiene y mientras se van desglosando las líneas que se escriben, se va  cayendo en la cuenta de que somos (y en este caso soy), una bola de nieve toxica llena de errores, lapsus, quimeras, aquelarres y pus. Una inmensa bola de nieve cargada de amores rotos, odios, pesares, alegrías esporádicas y dolores de espalda. A medida de que se desenmaraña la existencia en el inmenso placer de escribir, se va uno enterando de que en este mundo solo es una paloma mensajera sin nido, sin mensaje y sin destino y que solo la certeza de la muerte es inequívoca  en el mar de convenientes mentiras y frases indulgentes del noveno circulo del infierno que vivimos.




 
Por ello para mi  escribir es una especie de purgatorio. Una clase de castigo autoinflingido que me imprimo para dar una bocanada de aire que me permita vivir (o sobrevivir) a la desbandada banal que me ahoga los pulmones y me come a dentelladas vibrantes el alma. Escribir es un dolor que me permite luces fugaces de sensatez y verdad en medio de un mundo lleno de espejismos pautados en horario prime time  e incubados en secciones de carnes empacadas y franjas de farándula  y matinés macabros. Es mi espacio para revelarme a un sistema que me exprime cuarenta horas semanales (aun cuando hago cosas que me gustan), y que me da palmaditas en la espalda con el ruido que hace el cajero automático en el momento de retirar el dinero.  En algún texto que en este momento no recuerdo,  el escritor Mario Mendoza expuso  que la tarea de escribir implica soledad, insomnio, rechazo, autoexclusión y valentía. Por ello así mismo lo asumo. La necesidad de estar solo implica ser un paria sin que nadie lo haya impuesto y relegarse aun cuando el falso mundo tenga mil brazos abiertos.





Estar, mas no sentirse solo (que es la frase de los perdedores que buscan con frases tristes que los abracen y amen), es mi razón para ser feliz y escribir esto, sin importar el remitente o si alguien en algún momento lo va a leer. En este momento de mi vida la plenitud se ha dispuesto a quedarse un rato y todo transcurre de manera apacible y tranquila (hasta ahora), y me alegran estos  veinte minutos  de realidad que avocaron a estas letras , a este escrito, a este grito silencioso y a esta bocanada de realidad dentro del mar de mentiras que dicta la rutina.

viernes, 13 de septiembre de 2013

LA OLA

Como individuos sociales vamos formando desde nuestros inicios, clanes diversos que nos separan, identifican,  encasillan Y/o clasifican en distintas formas  de ver el mundo. Fundamentamos en nuestra subjetividad exponencial, todo lo que vemos y transformamos nuestro entorno desde ese punto de vista, desde esa forma de pensar, sentir y vivir. Impostamos a los demás lo que creemos que es  o no correcto y deliberamos sobre temas desde estos mismos preceptos. Edificamos ítems y patrones donde desde un punto de  vista unidimensional,  ubicamos en el contexto de la realidad lo que creemos y lo que abanderamos. Es esa capacidad del hombre de distorsionar el mundo y la visión del mismo, según sus ideales, sus ambiciones y sus más siniestros instintos la que nos hace únicos. Como de las mismas falencias y precariedades, emerge la necesidad de crear sentidos de pertenencia y fanatismo que se abren paso codo a codo y con violencia para hacerse notar. Como la alienación de las masas puede distorsionar el orden correcto de las cosas y como el fanatismo de todo tipo,  puede desembocar en un dantesco escenario lleno de seres errados y perdidos en el laberinto de los egos.




 Como el ansia de pertenecer a algo o a alguien, nos hace esclavos de reglas dictatoriales que nos convierten en marionetas volubles, dóciles e idiotas. Como los radicalismos se convierten en la semilla del odio y como la libertad individual es aplastada por dogmas enfermos que nos convierten en los lacerados peones del ajedrez de los gobernantes. La ola es una película que no se aleja de la realidad y es fiel espejo de una sociedad convulsionada por esquemas contemporáneos de esclavismo. Esquemas como Facebook, el capitalismo, los medios de comunicación, los realityes, el futbol y la educación en general. Esquemas que manejan una masa de autómatas e idiotas útiles que sirven de carne de cañón para redes sociales insulsas y falsas, capitalismos desbordados y salvajes, medios de comunicación que se venden al mejor postor,  “barras bravas” que al no tener identidad matan por el color de una camiseta y sistemas educativos que catalogan con una normativa cuantitativa y numeral la mente de estudiantes que repiten circularmente lo que otros en el pasado ya han repetido.





Este film es una invitación a reflexionar sobre lo que es bien visto para la sociedad y lo que en realidad es correcto. Como nuestro afán de colectividad nos avoca a seguir ideales que crean un marasmo somnoliente como el de la Alemania nazi (donde la sociedad civil no nazi nunca se manifestó ante la barbarie y el holocausto judío), o el de este país que padece por la fragilidad de su memoria. Una reflexión que invita a mirar más allá de lo que los otros nos quieren mostrar como realidad y palparla desde una objetividad valiente que derribe aquella frase lesiva: “el fin justifica los medios”.

sábado, 13 de julio de 2013

LA GENTE DIFERENTE

Muchas veces he sentido curiosidad por esos tipos de personas que se reúnen para hacer yoga, son miembros activos de grupos de lectura o se unen con gente “igual” de gustos similares para jugar partidas de rol o estudiar plácidamente. Esos que salen a hacer compras en compañía, se llaman todos los días y tienen más amigos que Mark Zukenberg. Esas personas que siempre van bien peinaditas, con el vestido justo, el tono de voz adecuado y que viven el día a día sin emociones escandalosas o sorpresas desagradables. Esa gente que no camina sino que levita y que tienen a la orden una cofradía de seguidores que los toma como eje gravitacional de emociones, secretos y complejas idealizaciones.




 Esos que han sido elegidos para izar banderas, ganar becas, casarse a los veinte años con el amor de su vida y que nunca se equivocan. He conocido mucha gente así. Gente que brilla por un aura especial que  gira entorno a ellos y los hace de ciertos modos únicos e irrepetibles (en teoría). Son esas chicas y chicos buenas y buenos que se pueden presentar a mis padres para ganar puntos y generar un telón donde puedan pensar que no todo está mal,  en mi remendada existencia.




Aun así los evito. Me aburren. Me dan ganas de vomitar. Procuro evitarlos y por lo general me molestan,  intimidan o me instan a realizar juicios y marcos teóricos sobre su auténtica alienación e imbecilidad. Por eso creo que siempre fui de los que se sentaron al final de la fila.  Con los excluidos.  Los que no les importa el promedio, ni la opinión de los maestros y mucho menos lo que nuestros papas pensaran o dejaran de pensar.  Siempre fui parte de esa arista emergente que no se acoge con agrado a las reglas y procura truncarlas. Jamás me acomode a ser uno más del voluble y decadente nicho de mercado de las masas ni de los inventarios racionales  empacados al vacío.




Para mi este tipo de personas son producto de un sistema educativo mediocre en el cual se tabulan las personas con números, y estos, los conformes, se matan por una miserable galleta. Un sistema educativo que domestica mentes de crispeta de maíz con pictogramas numéricos, en donde  cinco es un genio y uno un retrasado mental.  Una lógica absurda donde nunca he podido encajar (menos mal) y de la cual soy algo así como un paria social, con una enfermedad peligrosa: LA REBELDIA. Por esto mismo creo yo que en mi vida académica jamás he estudiado, jamás he tenido la capacidad de una autentica disciplina para memorizar frases, contextos, ecuaciones aritméticas (odio las matemáticas) o cualquier cosa que un loro pueda repetir.





Soy una persona demasiado dispersa  como para fijarme en un solo punto por un tiempo prolongado. Tampoco  soy de las personas que congenia con los grupos de danza, deportes, partidistas de izquierda o derecha y menos con los que dieran un rango, por ejemplo: “representante estudiantil”, vocero etc. etc. etc. Todo esto me parece una involución del sapo, del lambón o del lagarto de las curules. Una desviación evolutiva decadente del auténtico lambesuelas.





Por eso, si usted es así y le gusta bifurcar de manera grupal sus cosas, lo siento. Pero yo no puedo. Lo mío es estar solo y reírme por pendejadas, llevar la contraria e intentar pensar diferente en esta complejidad inoperante llamada vida es lo mío. Mi vocación es cagarla y de ese modo ser feliz.

domingo, 26 de mayo de 2013

INFANCIA




columpios, yermies, rueda de canela, bolitas de piquis, bombom bum, ponchados, escondidas, , olor a pasto recién cortado, rodillas raspadas, patines en línea, tin tin corre corre, chocorramo, ciclovia, Unicentro, banquitas, pastel, citaciones a acudiente, malas notas, buenas notas, Dragón Ball, caballeros del zodiaco, el álbum de Max caimán, la colección de los muñequitos de la selección Colombia de 1994, novenas, comida de novenas, pólvora, globos artesanales, años viejos, abuelita, teléfono gris de casa, pintura fresca, Telecom, moritas, dulces de sabor a aguardiente, bocadillo veleño, emulsión Scott, cigarrillos de chocolate, olor a tierra caliente, zucaritas, salidas pedagógicas, mimos, Centro Don Bosco, pony malta, tic-tac de naranja, refrescos, helado de agua, frutiño, Power Rangers, piñata, casa de mama Inés, primos, golosa, Supercampeones, Nintendo 64, golosa, monedita, Salitre Plaza, mete gol tapa, bus por la caracas, Súper Triumph, arma todo, desenfriolito, primos, ensalada de fruta, monserrate, lokiño, barrilte, papi, mami, hermanos, yo.




sábado, 18 de mayo de 2013

EL PODER DE LA DECISIÓN






Uno vive mil historias día tras día, con innumerables guiones que desglosan la esencia que edifica y confirma nuestra presencia y que materializa nuestro paso por este mundo. Con cada acción buena o mala, certera o equivocada, vamos moldeando el recuerdo que somos o como el título del libro del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince “El olvido que seremos". Somos los directores de una obra teatral, que con la lógica del ensayo y el error, vamos imprimiendo matices en el bosquejo que nos proporciona la existencia y que a pinceladas de libre albedrio, vamos plasmando en el lienzo de la cotidianidad lo que nos ponga el destino por delante.




Podemos ser asesinos o almas caritativas, según las decisiones que tomemos. Ser verdugos de la inocencia o defensores de la equidad, dependiendo de lo que queramos o lo que llevemos en el corazón. Es así como existen monstruos como Ariel castro que secuestro, torturo, violo e hizo abortar en más de una ocasión a tres mujeres en un sótano en Cleveland Estados Unidos. Y también altruistas existencias como la de Nelson Rolihlahla Mandela , que, aun cuando en 1962 fue arrestado y condenado por sabotaje y estuvo 27 años en la cárcel, la mayoría de los cuales estuvo confinado en la prisión de Robben Island, lideró a su partido en las negociaciones para conseguir una democracia multirracial en Sudáfrica y gano el premio nobel de la paz en 1993. Solo por luchar por sus ideales. Solo por ser un buen ser humano.



Somos todos miembros de una estirpe denominada humana. Con nuestros defectos y virtudes, tanto físicas como espirituales. Tenemos como común denominador un genoma que nos hace símiles y genéticamente iguales (caso imposible a nivel social, racial, cultural, económico y político en esta actualidad de abismales diferencias). Somos aparentemente iguales, pero asumimos caracteres que nos clasifican en clanes diversos, formando una fauna que nos encasilla inconscientemente en diferentes núcleos sociales que van desglosando el papel que conformamos y representamos en la sociedad.



Es así como con solo ver a una persona, y por su apariencia desarrollar un parámetro subjetivo con patrones de experiencia objetivos. Es decir, vamos por la calle y por cómo se viste, habla o actúa una persona se puede deducir si es un "yuppie", un "ñero", un rasta, un ejecutivo, un campesino, un punkero o en el peor de los casos: un abogado. Una serie de juicios que se encargan de clasificar la fauna humana y desarrollar desde la apariencia externa desarrollar ciertos parámetros y predisposiciones entorno a una figura humana en particular (aun cuando también y desde mi experiencia personal he conocido “harapientos” con envidiables cuentas bancarias y “entrajados” con las tarjetas de credito colapsadas por la creciente mora). Esto es lo que infiere nuestro concepto de realidad. Somos eso: un compendio de opciones, remembranzas y decisiones mal o bien escogidas, en torno a nuestras propias vidas y lo que creemos que son las demás.



Por ello nuestro poder no radica en la cantidad de dinero que poseemos, los títulos académicos que alberguemos o la raíz étnica, racial, o cultural de la que provengamos (aun cuando también conforman elementos de valor dentro de nuestra capacidad de elegir). Nuestro verdadero poder está en las decisiones que vinculamos a nuestro pasó por este mundo, este pequeño lapso de vida que protagonizamos y el de las personas que se rozan con nuestra presencia y esas acciones que acogemos. El poder no está en querer que el mundo cambie para nosotros para así cambiar, sino en que edifiquemos la mejor persona posible y que nuestro paso por este diagrama no sea un tenebroso remolino de equívocos, sino un bálsamo que permita que la flor de loto salga del barro y proyecte lo mejor de sí para su propio beneficio o mejor, para el de los demás.



Cada cual decide que es lo que quiere. Si quiere ser un delincuente que abone a la cuota de odio que tanto mal hace a esta humanidad, o un granito más de arena positivo, que ayude a mitigar un poco el sufrimiento y romper tantas cadenas de dolor que nos aprisionan a cada instante y que nos tienen inmersos en las tinieblas de lo primitivo.

miércoles, 10 de abril de 2013

YO NO CREO EN LA PAZ






Todos queremos tener paz, empleos bien remunerados, una novia hermosa, un amor para toda la vida, una casa inmensa, un auto de último año y una vida en el sentido estricto de la palabra apacible y feliz. Todos queremos esa fabula de la vida perfecta y creemos que con levantarnos cada mañana a buscar eso, estamos y estaremos bien. Son ese tipo de organigramas que le imprimimos a nuestras vidas, solo por que es lo correcto. Lo bueno. Lo inmediatamente factible y así, en ese orden de ideas,  el día de ayer la ciudadanía de mi país se agolpo en las calles pidiendo la paz.





No es que no sea partidario de que haya paz. De que en los campos haya un ambiente de tranquilidad y bienestar propicio para el desarrollo y la producción. No. Solo que no me parece que eso que llaman  paz sea tan factible como amplia y tozudamente lo exponen en la televisión y demás medios de subordinación. No se, no me parece tan fácil. No se si solo me pasara a mi, pero cuando hablan de mesas de negociación, de lo que unos pocos dicen entre egos en cuba, me siento ajeno, extraño, como extranjero. Me siento ajeno a lo que en la habana se cierne como negociación y bastante distante de personajes que han estado involucrados en un sin fin de masacres, desfalcos tributarios, shows mediáticos, proyectos de reelección y demás falacias que se  fraguan desde opulentos escritorios y que los sufren los mas pobres. Esos que leen menos, ven más televisión y piensan que la paz es simplemente oprimir el botón “Reset” y esperar a que vivamos felices comiendo perdices.





Para mi este país lo maneja el demonio. Satanás en pleno que instaurando cortinas de humo azufrado, logra tapar la conciencia de millones, que, con un pañito de agua tibia, va dándole solución a los innumerables problemas que genera una sociedad sin equidad, sin oportunidades y con el cáncer de la corrupción en plena metástasis. Somos un pueblo sin memoria que se enorgullece por pendejadas. Un pueblo que va olvidando atrocidades y  delitos de los dirigentes desfalcadores  sacando el pecho por el resultado de un partido de futbol de la selección Colombia, un reality donde la prepago de moda se acuesta con el imbécil de momento o la telenovela mexicana de la tarde.






Somos lastimosamente un compendio de arrimados, que sacamos el pecho por nimiedades, como ser el segundo mejor himno de mundo, el país mas feliz (la frase mas imbécil jamás dicha), el mas rico en flora y fauna (regalándolas  a precio de huevo  a las multinacionales), como si estas solemnidades baratas hubiesen sido entregadas alguna vez o el mundo las tuviera en cuenta como referente en algún momento y no como una broma mas de los países en vía de desarrollo. Somos un país de mujeres operadas desde los quince años para seguir surtiendo la galería de objetos sexuales de hombres que como paradigma estúpido adoptan el machismo y no las valora por lo que son y no por sus genitales y glándulas mamarias.  Somos una horda de zombies alienados por los medios de comunicación y grupos alzados en armas  que nos callan las ideas y dicen batallar por nosotros.  Porque eso son las FARC, los paramilitares, los políticos, los sindicalistas, los curas, los narcotraficantes y los medios de comunicación actuales (esos que se escandalizan de cualquier cosa qu pase en venezuela, pero que jamas dijeron nada en la tirania de Alvaro Uribe Velez y que ahora le sirven de vitrina): tiranos déspotas y excluyentes de mentes somnolientas como la nuestra.





Somos un país que se indigna porque  un cantante se equivoque en  una estrofa del himno nacional, pero que se hace el de la vista gorda ante un pobre campesino mutilado en sus manos, solo por defender el legitimo derecho a no morirse de hambre, mientras unos pocos se  jactan de vacacionar en Miami e imponen la imagen de Juan Valdez, como el ídolo utópico de los cafeteros campesinos ante el ciego mundo. Somos así,  digo somos porque también naci en este territorio tan bonito, pero tan desangrado por los lastres carroñeros que lastimosamente somos los colombianos. Un país lleno de cosas, pero falto de ideas proactivas y solidarias, donde el egoísmo impera y la falta de sentido de pertenencia es la constante. Un infierno con oasis mentales que solo sirven para masturbar el ego de los que con poco se ufana de poseer el mundo.





Un país donde no se entiende como hay niños guajiros muriendo de inanición en departamentos tan ricos y con regalías multimillonarias como la guajira. Un país que con oro, carbón y demás riquezas naturales no ha podido acabar con los problemas del 40 %  de la población que vive en la pobreza extrema (menos de dos dólares diarios) y el 32% de la miseria (personas que viven o sobreviven con menos de un dólar diario). Por eso y por millones de razones más,  pienso que la paz no se dará  por medio de marchas, pañuelos blancos y demás manifestaciones civiles, que, aunque altruistas y positivas solo logran tapar el trasfondo que interfiere la paz y que es más destructivo que las armas: La inequidad social. Porque si bien la disposición del país dice una cosa, la realidad nos demuestra que la paz con hambre, con un sistema excluyente, un gobierno arrodillado al sistema bancario y unas leyes ciegas y  bursátiles es imposible.





Esta es mi razón de no haber marchado ayer, porque como bien decía mi abuelita: “eso es hacerle morcillas al diablo” .



lunes, 1 de abril de 2013

BURBUJAS DE JABÓN


Se van formando burbujas de colores por el firmamento y las cargas propias de una existencia sin rumbo ni fin, se van aligerando con cada paso que se toma en la marcha. Los problemas matutinos se van dilucidando en medio de faroles tenues y vallenatos que rememoran los viajes que de niño hacia a la finca materna, donde la inocencia era el único pasaporte valido, para poder disfrutar de un juego de futbol con los primos y nadar a la orilla de las quebradas.




La vida no es una fabula solitaria y esos instantes de ermitaño, se cambian por trayectos llenos de sueños y una mano apretando las ganas de querer ir al infinito o mas allá. Un sueño inmerso en oasis clavados en desiertos peruanos, que hoy se materializa por la buena voluntad de un santo nuevo que esta estrenando milagros y que hoy pone  en mis días un ápice de felicidad, entre mis divagaciones dispersas. Un momento de bienaventuranza en medio de una semana santa llena de escapismo, hamburguesas caseras y besos en cantidades industriales.




Hay algo diferente en el ambiente. Un nuevo murmullo que se levanta desde la penumbra para enseñarme que todo puede estar mejor. Que los cuadros grises no siempre son tan bonitos e inquietantes, y que vale la pena seguir, soñar y darse oportunidades sin casco, coderas y rodilleras de protección. Es una nueva sensación. Algo así como cuando de niño corría detrás de burbujas de jabón, para hacerlas explotar sin saber el porque, ni interesarme en el como.




Un buen pronostico del clima dentro de la vida paranoica de un existencialista,  que escribe por lo general en medio de vendavales y que hoy lo hace con el sol en todo su esplendor. Un buen síntoma que se siente y se exterioriza en letras arial doce, así no le importe a nadie. Una reflexión mas, mientras entre versos, bibliotecas y palabras se va dando una batalla más, que saliendo enfurecido desde mí trinchera me dispongo a luchar. Se avecina el amor.

miércoles, 27 de marzo de 2013

ALEGORÍAS DE UN CADÁVER


Noche sin luna, noche rota, vidrios en el piso y vasos hasta la mitad. Olores de humedad, zapatos sin lustrar, miedo y el techo como firmamento. Ansiedad, sed, hormigueo en las manos y un vaso de whisky. Ropa en el piso, colillas viejas y un ladrido de perro de fondo. Pánico, suplicas, llanto, ira y deseos. Flores, sangre y giros. Lluvia, manos entrelazadas, soledades compartidas y narices frías. Pupilas dilatadas, miradas pérdidas, humo de cigarrillos, una copa, dos copas, tres copas  y lucidez.  Once de la noche, gritos, pasos en falso, cervezas  y pensamientos suicidas en las tasas de té. Cambios, intriga, nostalgia y un tequila con sal.





Es una larga noche. Una noche que se adorna con la frase:




No quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar…

lunes, 18 de marzo de 2013

EL VERDADERO VILLANO: MARIO BROSS







Todo parece raro, diverso, confuso y lejano. Todo se mueve en ondas tenues de luz que van a encallar en puertos de limpias y doradas playas. La gente sonríe y todos se abrazan en torno a frases de colores, miradas amenas y vidriosas. La vida se va moviendo conforme rige la dinámica de este mar pacifico que baña esta hermosa playa peruana. En mi mano una botella de pisco limeño va dilucidando el movimiento propio de la vida costera y ojos palpitantes, contrastan con  las miradas sobrias y alegres de los que, en una ola de crestas sorprendentes, muestran su pericia sobre una tabla de surf.




Hace unos tres días no ocurría esto. Yo estaba en una oficina del norte de Bogotá, mi ciudad natal, dilapidando los momentos de mundo real, por una consignación mensual y un par de lastimeras prestaciones sociales.  Encerrado en un cubículo como una res a punto de ser sacrificada, mientras mi vida se preparaba para crecer en el infierno.  Una lógica absurda que me llevo a escribir esto. Una lógica que me llevo a deducir que mis días habían sido subordinados y conducidos a los periplos infernales, por los que en su momento parecieron héroes. Una lógica elaborada por los días de infancia, donde me la pasaba todo el tiempo con mi Supernintendo jugando el videojuego más conocido y más famoso del mundo: Mario Bross.





Si, Mario Bross, ese fontanero de pantalones azules y gorra roja que se empeña radicalmente en una travesía épica, por una princesa que es raptada por un dinosaurio “humanizado”, y que se  enfrenta a toda clase de escenarios, con el fin de recuperarla y recibir un beso en la mejilla. Un fontanero bonachón y de acento italiano, que masacra tortugas, hongos, plantas, seres alados y toda clase de obstáculos, con el fin de llegar a su cometido: salvar a la princesa Peach (por eso la frase MUY colombiana, de culminar un videojuego, sea de guerra, futbol, aventura, de rol etc  y decir: “lo rescate”). Eso no es malo. De cierta forma enseña con entereza, la capacidad  que tenemos  de trazarnos objetivos y metas, luchar por ellas y al final, sin importar  el esfuerzo, alcanzarlas.  Lo malo no es esto. No voy a juzgar valores ni mucho menos. Lo malo es la concepción de capital que nos implanto (no sé si intencionalmente, y si lo hizo, ese muñeco es un hijo de puta), haciéndonos ver que la vida se gana con un determinado número de monedas y que por ellas este hecho se justifica. Todo. Todo eso que en esta única oportunidad se va desvaneciendo como en este momento se desvanece este puñado de arena en mis manos abiertas. Mario Bross nos enseñó a aplastar a nuestros enemigos, destruir a nuestros detractores y abandonar a nuestros amigos (como cuando dejábamos a Yoshi morir cayendo en el abismo para saltar más alto), para seguir adelante. Un pésimo ejemplo que tomamos de manera constante alienando nuestros sueños en un cubículo de oficina, donde dilapidamos esta UNICA vida. Un ejemplo que acatamos como borregos, en una realidad donde no existe un hongo verde (paraíso psicotrópico), que nos la reintegre. Mario Bross nos hizo creer que  todo esto era cierto y nosotros le creímos porque nos reía en la cara,  mientras nos clavaba el puñal en la espalda y nos implantaba el mal en el subconsciente.





Yo vivo la vida de miles de millones de seres sedentarios que se van por los caminos de la existencia sin hacer pausas, en busca de monedas para pasar por mundos (las apariencias), edificar castillos (los sueños fotocopiados de una casa, una finca y una posición social), no trabajar en equipo (Luigi era un cuento aparte en la travesia), e ir detrás de princesas (las banalidades), despilfarrando lo realmente importante y verdadero: la vida. Ese lapso realmente sublime que se va sin darnos cuenta, dejándonos canas y miles de momentos vacíos por dejar lo más vital para después, para ese futuro que nadie sabe si va a llegar. Por eso creo que son necesarias las pausas para analizar eso. Para estar conscientes de que somos Hámsters en una rueda fabricada por un sistema que va descartando a los menos aptos. Un sistema que hace una brecha cada vez más grande entre los que tienen más monedas (los ricos), y los que alcanzan unas pocas para sobrevivir (los pobres). Un  sistema que en cualquier momento tendrá que colapsar y que solo hasta que ese momento se dé,  caeremos en la cuenta de su sordidez y superfluidad.





Mario Bross nos jodió y lo sabe, se ríe y pica el ojo. Mario Bross es el villano más audaz y el único realmente perverso de ese videojuego que tanto trasnocho mi infancia.





Infancia destruida en 3….2…..1…….

viernes, 1 de marzo de 2013

UN,DOS,TRES POR MI Y SALVO PÁTRIA





La lluvia cae y arrasa con los recuerdos de un pasado largo y confuso que sin pena ni gloria, va quedándose en el baúl descolorido y pérfido de esas vivencias que con anécdotas ya lejanas, van condensando esos momentos que en instantes fueron relativamente importantes y que ahora en su languidez parecen extraños. Recuerdos cargados de rostros, cuerpos, sitios y emociones que en el presente ya no son relevantes y se caen de la estantería de las cosas importantes por su propio peso.




Momentos traslucidos que ahora parece que fueran parte del guion de otras vidas, que en nada se parecen a lo que se vive ahora, en el presente y que carecen de relación. El pasado es solo una huella sin relevancia, que sirve para incentivar la nostalgia y acentuar la melancolía de los días de colores grises, arroz chino calentado en microondas y las soledades autoimpuestas.  Es un tiempo intangible como el mismo inhóspito futuro que conservamos con masoquismo para restarle importancia a lo realmente relevante: el presente.





Una atemporalidad que nos forma pero que como su mismo nombre indica, ya paso, se quedo allá. Ya no va más. Uno gasta y desperdicia vida en rememorar y dar protagonismo a lo que fue y ya no es, ni será jamás. A lo que pasó y no volverá a pasar. A amores y experiencias viejas que ya no regresaran y a palabras que se dijeron y el viento no retornara. Gastamos energías en eventos que no se repetirán amputándonos  la posibilidad de vivir experiencias nuevas. De mayor envergadura, mas edificantes y sin duda mas saludables. Nos hacemos presos de lo que fue y echamos al barranco de las derrotas lo que puede ser.




Una errónea concepción que se lleva lo mejor de nosotros. Que nos deja en una pausa innecesaria en un mundo en constante movimiento. Una posición pasiva y antinatural que en choca con una realidad fluctuante y en constante movimiento. Una parsimonia extraña, que solo nos deja como expectantes y asistentes de segunda categoría, en una obra en la que estamos en la obligación de hacernos a la idea del rol protagónico que infiere. Del hecho de que uno se debe apersonar que la vida es solo una y uno es el que la vive. Que el proyecto de vida no debe ir limitado a lo que los demás esperen, sino lo que realmente queramos y nos haga felices.





Hoy todo eso quiero que se quede atrás. Que esas nubes de recuerdos y tiempos vividos se queden allá. Lejos. Como simple enseñanzas que hasta un punto fueron útiles, pero que en este momento ya no forman parte del capitulo que contextualice lo bueno o lo malo que venga con el presente. La felicidad implica riesgos. Implica lanzarse al vacio con los ojos vendados y asumir que el futuro es y será distinto, sin medir siempre en los pros o contras y mucho menos en las consecuencias. Por eso hoy saludo al pasado desde esta barrera lánguida en la que me encuentro. Le doy gracias por cada lección, cada sonrisa, cada suspiro, cada lágrima y cada momento de asombro que me dejo. Creo que ya es hora de arrancar hacia adelante. Sin prejuicios que solo indisponen y dan alertas falsas que hacen chocar contra la soledad. Ya no necesito consignar tantas cosas e imponer a los demás un lastre de sucesos que ni les competen, ni son agradables. 





Desde ahora procurare encaminarme desde mi levedad a paisajes sin duda mas amenos y a experiencias nuevas que enriquezcan mi paso por este corto lapso de tiempo en el que peregrinamos fugazmente por un mundo transitado hasta el hastío, que nos abre las puertas con nuestro llanto infantil en el parto y nos baja el telón con la inevitable y siempre paciente muerte. Hoy me encamino a disfrutar de los medios sin pensar en los resultados y sin cielos estrellados. Desde ahora prometo dejar que todo gire, que todo fluya, todo llegue al lugar que tenga que llegar. Desde hoy prometo ser y dejarme hacer feliz sin nimiedades que alteren todo esto que desde una pequeña flor de loto se va expandiendo…

jueves, 21 de febrero de 2013

LOS ZOOLÓGICOS URBANOS Y LAS HISTORIAS MUTANTES DE RAFAEL CHAPARRO MADIEDO


Desde que por medio del opio uno se monta en las nubes de la línea literaria de Rafael Chaparro Madiedo, va describiendo esas ráfagas de lucidez paranoica, que con el ritmo de sus letras se desglosa. La ciudad se va desenmarañando en espacios matutinos, pero llenos de una fauna diversa de mutantes que toman tinto, se ríen solos, divagan y se pierden en sus tristezas recurrentes. Una línea literaria que se sale del típico e imbécil tema del narcotráfico que tanto lidian los escritores mediocres que con cada liberación, cada telenovela y noticia amarillista de este país publican bazofias de trecientas paginas llenas de nada.  Chaparro Madiedo es un visionario de esa ciudad subterránea que se vive en cada paso, en cada sentimiento ensopado en sangre a 2.600 metros más cerca de las estrellas.





ZOOLÓGICOS URBANOS, HISTORIAS MUTANTES DE RAFAEL CHAPARRO MADIEDO COMPILACIÓN  DE ALEJANDRO GONZALEZ OCHOA  es una invitación a conocer esa visión de un escritor anárquico de una que vislumbra una ciudad tan voluble como Bogotá, desde sus entrañas, mostrando sus desilusiones, sus vergüenzas y sus talentos. Una obra que compila la visión de un genio, que se convierte en un grito, en mujeres amarillas, en gatos amándose sobre tejados, en miedo, en desesperación, en whisky, en canciones de los Stones y Jim Morrison. Una lectura que en lo personal me dejo el buen sabor de un capuchino con vainilla y  de la cual cito las siguientes frases, para que se convierta en una amena invitación a buscar y sumergirse de lleno en ese mundo de opio, nubes y critica social llena de tomates.






-          “allí llegan las legiones del norte con toda su carreta de la apariencia a comprar las botas que son una especie de alivio existencial, para una juventud que, a falta de pies de plomo, deja en la vida unas huellas en serie.”


-          “Bogotá, una palabra que suena a pesadilla, o a café capuchino con crisis existencial de tercera categoría (…) una ciudad que es un capuchino. Se la toman y la botan y lo peor es que la cobran, y bien cara.”


-          “La circulación caótica de carros en las calles de la mayoría de ciudades colombianas, representa, en cierto modo, no la lucha de clases, sino una especie de carrera entre las clases sociales.”


-          “Tratan de comprobar hasta que punto la vida es una farsa motorizada y como puede cambiar la mirada de los hombres cuando están enfrentados al cemento que cuando están frente a un jugo de naranja.”


-          “Los castillos de la realidad están construidos con ceniza y solo basta una brisa para que todo se venga abajo.”


-          “El pito intermitente es el grito de la victoria, es un pito rojo, bello, un pito de Santa Fe. Es un pito sin agresiones y sin violaciones de ningún orden.”


-          “Era necesario lucir una parafernalia adecuada para ir a cazar anfibios: cachucha del Santa Fe (la de millonarios solo la usaban los que continuaban lidiando abuelas y perros).”


-          “Es difícil amar en la gran ciudad. La ciudad endurece las palabras de amor.”


-          “Pasan muy pocos carros por la séptima. Las parejas de enamorados que no salieron a vacaciones a parís, van a la terraza Pasteur a curarse el virus de la nostalgia. Un virus que sube escaleras. Un virus que toma café de Colombia. Un virus que se encuentra en los ojos de cada transeúnte. Es un virus que se incuba bajo la carpa rota del cielo bogotano.”


-          “La nostalgia es un sentimiento irreal, un sentimiento de tarjeta postal que nunca se envía.”


-          “Los ojos se caen a pedazos, cada percepción es un instante tembloroso perforado por ese gran talador del tiempo, que desde siempre hace estragos en el silencio.”


-          “Laberinto general. Eso es Bogotá. Un gran libro que se abre todas las mañanas. Tedio en instamatic. Un libro con varios prólogos de varios autores. También un preprologo o prefacio, para burócratas. Por eso los arboles de Bogotá son tristes. Por eso no se extrañen que a la gente de Bogotá le guste leer.”


-          “Escribir se convirtió en ver la hoja en blanco como una vena pulsante donde inyectábamos la heroína de las palabras. Escribir produce mareo, vértigo. Escribir es meterse en la botella rota de los significados, escribir es algo parecido a recibir un botellazo de whisky en la cabeza, produce el mismo aturdimiento lucido.”


-          “desde hoy y para siempre me declaro totalmente apolítico y me declaro partidario de otras cosas. Me declaro partidario furibundo del Rock & Roll, del buen whisky, de las drogas suaves como Los Beatles, de las drogas pesadas como Led Zepellin y de Los Stones, me declaro partidario de un buen par de tetas, de un trasero hermoso, de unas manos transparentes como la lluvia, de las sonrisas limpias, me declaro partidario de la irresponsabilidad y de los sueños de los niños y de muchas otras cosas.”


-          “Este país, curiosamente es anárquico en sus costumbres, pero no en sus ideas. Aquí la vida cotidiana es un caos total: el tráfico es angustiante, cualquier vuelta a una oficina pública es una tortura. Pero a nivel intelectual seguimos siendo un país atrasado, conservador. Todavía nos asustan las tetas y los traseros en televisión.”


-          “En estos últimos días se fueron dos grandes. Míster Charles Bukowski, el escritor indecente de California, más indecente que Miller, y míster Cobain. Ambos unas moscas en medio del desayuno con vitaminas norteamericanas. Ambos en el útero de la anarquía. Ambos desgraciados. Uno, Charles, creyente del sexo y del alcohol. El otro, creyente de la heroína y de la música. Héroes malditos de una sociedad maldita.”
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