
A lo lejos se pueden ver las marcas que tus pies han dejado en la arena en forma de huellas. A lo lejos puedes ver como los fines del mundo se acercan y lo que se ha dejado y vivido fundamentan y marcan el sustento de cada paso que se da hacia adelante, donde están las palmeras que se mueven al compás del viento de las irrelevancias. Navegar por las olas de los días deja recuerdos imborrables y grandes enseñanzas que en algún día remoto medianamente posible, servirán de materia prima para las historias de duendes y faenas de los nietos que vendrán, las lecciones que le impondremos a nuestros hijos y las hazañas que le contaremos a nuestros compañeros de vida.
Hace un poco más de dos años estaba un poco triste, un poco devastado, un poco malhumorado y muy, muy decepcionado. Hace un poco más de dos años me llene de motivos y empecé a escribir, a desahogar mis penas en una hoja de papel, mientras mi hermana me decía que dejara de ser idiota, que ciertas personas no merecen las cosas que salían de mí y que por ende era una estupidez que siguiera lamentándome por algo que no era mi responsabilidad. Tome las hojas de servilleta, de cuadernos, de los vales del parqueadero, las facturas de pagos, las fotocopias de la universidad y me desaforé diciendo lo que me pasaba en letras, lo que me contenía y lo que necesitaba expulsar de una forma sana, sin torturar un conejo, sin inmolarme en un almacén de peluches y sin lanzarme al vacío desde un puente.
Recuerdo que fui a un sitio en común y desde ahí me pregunte porque me pasaba eso siempre, o bueno, las veces que me he enamorado y la verdad no entendía nada, mi mente era un charco lleno de basura, lagrimas, dos pétalos de flor y un tarrado de milo. Ya después de muchas cosas y en este tiempo he resumido que eso le pasa a cualquiera. Que el hecho de estar enamorado no implica que uno se llene de odio hacia si mismo o hacia la persona en cuestión, porque las cosas no hayan funcionado. El hecho de estar enamorado es sentir eso, frio, calor, sentimiento con berreada final, dolor estomacal de tanta mariposa, risa idiota y demás síntomas que hacen que el estar enamorado sea único. Estar enamorado es equivocarse, ser débil, ser arbitrario, posesivo, amoroso, entregado o un hijo de puta. Lo que sea. Ser lo que somos. Estar enamorado es vivir fuera de contexto, algo así como la demencia senil, en la cual las bases del pensamiento se tambalean con tanto chocolate, tanta rosa, tanto café, tanto beso, tanto te quiero, tanto te amo y tanto intercambio de nuestra esencia.
Estar enamorado es eso, por eso a las mujeres que me han amado y yo he amado les debo tanto. Desde la más pecho frio hasta la más entregada. Desde la que me lo dio todo, hasta la que siempre me dio sus suspiros con gotero. Les doy gracias porque por ellas es que he desarrollado lo que soy, este diego castro que con nombre sonoro a veces les pasa por la cabeza. Les doy gracias porque son ellas las que me han dado los momentos más bonitos, tristes, dolorosos y dichosos que nadie me ha podido dar, desde mi abuelita que está en el cielo jugando frisbie con las aureolas de los ángeles, hasta la que me rompió el corazón con un taladro y le hecho los pedazos a los perros.
Además, que yo sepa no me he metido con una asesina en serie, una psicópata (hay dudas en este punto) o una violadora (las dudas en este punto se hacen más evidentes), no. Por lo general han sido mujeres espectaculares que en un punto dado, se cansaron de mí y vieron a otros lados, a otros puertos, a otras cosas, a elementos que ni me incumben, ni me importan. Porque?, ni idea. No me interesa. Solo sé, que de ellas y de muchas más también son estas letras, estas omisiones, y por sobre todo estas vías de hecho literarias que me permiten sobreponerme de tanta resbalada, de tanta fuerza y de tantas cosas por decir que se me quedan en el tintero del alma y que gracias a Dios supe como canalizar.
Así empezó esto, con una hoja de papel, en un café del centro de mi fría, gris y amada Bogotá, con un corazón roto y un nudo en la garganta que me impedía siquiera llorar, solo escribir. Ese día no entendía que sucedía. Como lo dije antes, estaba devastado, triste, con frio y sin suerte. Ese día no me imagine que lo que estaba sucediendo era un nuevo comienzo, un cambio de mi estructura vital, que me permitiría decir en este momento a las más de 10.000 personas que han leído mi blog (este número me pone muy, muy feliz y nunca me lo habría imaginado), en más de 74 países (información de google adsence y el contador del blog), a Alessio Rosaledo por la colaboración en el material físico que pronto sacare desde su tipografía en España, a mis padres por mantenerme 26 años sin nunca decir ni mu, a mis amigos por todas las cucarachas que han fecundado en mi cabeza y por sobre todo a las mujeres que me rompieron el alma con sus manos, ya que gracias a ellas aprendí que a veces, cuando en la vida uno come mierda, cosas muy buenas y más importantes retoñan por dentro.