martes, 4 de octubre de 2011

EL PLACER DE MOJARSE


Con la lluvia se camuflan elementos que se van intercalando entre los espejos de agua que se forman en los charcos y que de manera intermitente van reflejando los rostros de los transeúntes, que intentan escapar de los coches que osan mojarlos. El ambiente se llena de humo espeso, palabras inconexas y cálidas en medio de una ciudad que siempre colapsa después de las seis de la tarde y que incorpora en cada ciudadano que la habita, el desespero propio de sus entrañas enceradas en medio de la cordillera central que antes de morir, se levanta 2600 metros sobre el mar, para acercarse a las estrellas y gritarle a los cielos que aun está ahí. A pesar de los desfalcos, la basura, los postes infestados de mentiras políticas, los trancones lacerantes, transmilenio y su amotinamiento que solo promueve el contacto fastidioso de los cuerpos y los ingresos de unos cuantos degenerados que no se cansan de estrujar las personas física y económicamente.

La lluvia lava esta ciudad, como lo hace desde tiempos inmemoriales. Lava la suciedad que cada uno de nosotros dejamos con nuestros pasos llenos de pasados, malos consejos y demás derivaciones mentales que solo pasan a ser un vástago de lo que en algún momento paso a ser dejado a un segundo plano. La lluvia lava las calles infestadas de ladrones, que en cada esquina van asomando sus narices de carroñeros para caer sobre la presa este o no muerta.

Esto es lo que hace la lluvia. Un milagro mas que se invento en un momento dado el arquitecto universal y que naturalmente nos va sacando de uno en uno, los malos sentimientos, los malos días, las malas memorias, los malos sentimientos y las injurias propias de un país tercermundista atestado de violadores, ambientalistas, ladrones, asesinos, madres abnegadas, mártires anónimos y una gran fauna de gente de bien y gente que no merece ser catalogada como tal. La lluvia hace eso. Nos limpia, nos moja, nos recuerda que estamos vivos y que para ello debemos estar dispuestos a sentir. La lluvia hace lo que tiene que hacer y esta noche me permitió caminar por entre ella con el placer que a veces algunas y muy especiales personas se dan: el placer de caminar despacio y mojarse disfrutando que en pleno palo de agua, te mojaste porque si…


Sonrisa.

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