lunes, 3 de octubre de 2011

LA MONOTONÍA DE CUMPLIR


Hubo un tiempo en el que las cosas más básicas se me facilitaban y el temor de los errores no me asaltaba tan de seguido en las noches. Hubo un tiempo en el que le creía a todo el mundo lo que me decía y no reparaba en sacar de mis provisiones de inocencia, mis visiones y percepciones borrosas de algunos paisajes de verdes amplios y azules cristalinos de los ríos de una montaña. Hubo un tiempo en el que las desgracias jamás tocaban mi puerta, ni me rompían las costillas para sacarme el corazón, patearlo hasta sangrar, para finalmente dejarlo allí adentro, con una sutil sonrisa y el dolor de la traición clavado. Hubo un tiempo en el que podía abrazar a una mujer hermosa que hoy más que nunca me hace falta y que por su ausencia en las constantes noches de mi soledad causan un llanto frio, hostil y secreto. Hubo u tiempo en el que era otra persona y sonreía sin importar la razón, ni los motivos que la generaran.


Todo esto lo pienso en retrospectiva. Siento irremediablemente que los tiempos pasados han sido mucho más amenos y que a pesar de generarse cierta estabilidad sana, los días inevitablemente pasan y con ellos, la inocencia se erradica cruelmente. Me aterra pensar que hubo un tiempo en el que solo pensaba en sonreír y ahora solo me la paso pensando en cumplir. Cumplir con una sociedad hostil, material y deshumanizada. Cumplir con uno que otro labio que genera calor en las hormonas, pero que carece de sentimiento. Cumplir con una adquisición y consiguiente acumulación de bienes muebles e inmuebles para conseguir un espacio amorfo dentro de las percepciones de los demás, sin importar los demonios internos que se tienen que cauterizar con la llama de los silencios. Todo se trata de cumplir en estos días y si de algo sirven a veces estos fragmentos de mi vida, por lo menos puedo alardear de que he cumplido con algo que en algún momento en mis veintiséis años cumplí porque me nació…

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