viernes, 28 de diciembre de 2012

EL MERCADO DEL USADO






En un mundo polucionado por el smock del humo “exostivo”, y  fluctuado de matices grises que mitigan y hacen mella en una cada vez más famélica capa de ozono, es casi natural hacer ejemplos comparativos de esta naturaleza motora, con la condición humana y todas las variantes que derivan de ella.  Vivimos tiempos de cáncer de pulmón, anuncios amarillistas en las cajetillas de cigarrillos y un mercado sobredimensionado y consumista, en el cual con tan solo un documento de identidad, se puede obtener un auto.




Hace poco fui a un concesionario a mirar una de estas posibilidades comerciales, con el fin de cimentar el deseo de adquirir un auto que me permita cierto confort, dentro de un esquema de vida saturado de buses llenos de ladrones, un sistema masivo siempre lleno y paseos millonarios cada vez más frecuentes en los taxis de la ciudad. Buscaba algo de cuatro llantas, de color rojo (por mi afición a SANTA FE), que le permitiera a mi humanidad movilizarse más cómodamente dentro de una jungla de cemento lacerada por los huecos, colapsos de tráfico, infraestructura vial decadente y medidas inoperantes como el pico y placa.





Buscaba algo de comodidad motriz que me permitiera esos caprichos luchados de la clase media promedio, que el domingo  sale de la ciudad a comer con el aroma propio de la leña, el campo y la tranquilidad. Que sale en busca de escape del mundanal ruido y la convulsionada vida urbana de una ciudad cada vez más titánica como lo es mi hermosa Bogotá.  Dentro del abanico de posibilidades, mi presupuesto de un empleado profesional promedio se vio relegado de la gama alta llena de mercedes, bmw, jaguar etc, a la gama media de kia, Hyundai y Renault a la baja llena de Chevrolet,  y de esta al mercado del usado.





Mirando las variables opciones mercantiles, vino a mi cabeza la analogía de esta situación, con nuestra misma naturaleza en las relaciones sentimentales. Creo que somos como los autos. Algunos feos, otros eficientes, otros caros, otros asequibles, otros confiables y en la mayoría de los casos (por no decir en todos), usados. Salimos del concesionario de la vida, listos para andar. Cero kilómetros. Provistos de la carrocería que nos hayan labrado los genes, labrados con la tapicería de nuestros valores, cimentados en el motor de nuestro espíritu y rodantes por ese don o castigo que nos provee la vida y esas fuerzas universales que nos ponen en el camino de la existencia hacia un trazo que algún día tendrá fin.





Salimos del concesionario materno con los bríos de las hormonas y nos enamoramos de nuestro primer usuario. Ese que nos pone a galopar sobre nubes y nos embiste de frívolas fantasías. Ese que en la mayor parte de las veces nos hace palpitar el corazón a mil por hora y que al final de un extenso y vertiginoso recorrido, nos deja con las averías propias de un mal uso y con las magulladuras de toda índole. Tanto superficiales como sustanciales. De esas que duelen tanto. Es en ese momento en el que nos hayamos en el mercado del usado. Pasamos de  ser un producto libre de prejuicios  e inocentes a seres precavidos y llenos de preceptos, que nos obligan a hacer prevalecer el instinto de conservación sobre la capacidad de querer y  permitir ser queridos. Un mercado volátil y cíclico que nos termina haciendo cada vez más escépticos, cínicos, egoístas y mezquinos. Que nos termina alejando hasta de nosotros mismos.  un círculo vicioso que se repite  cuando asumimos nuestro rol de pilotos nobles de buenas intenciones  y nos encontramos  con muros de contención constantes y frenos de mano que desmotivan algo tan frágil y difícil de edificar como lo es la constancia y la capacidad de perseverancia.





 Así somos. Cacharritos usados  que van por el camino de la vida, algunos en línea recta y  otros de lado a lado según la ocasión. Al fin mire y mire  y en una calle del barrio Niza en el norte de Bogotá halle un Fiat 750 que aunque sin motor y con las ruedas  pinchadas, me define  y creo sin lugar a dudas, sería mi carro ideal.

martes, 11 de diciembre de 2012

ESCRIBIR



Poner en letras las cosas que se alojan en la cabeza, no siempre es fácil. Muchas veces la musa de la inspiración se haya perdida en los laberintos que se demarcan en las literales y palpables ondas cerebrales.  Escribir es un acto solitario por medio del cual se expulsan las entrañas de lo que  que se ha condensado por años. Las entrañas llenas de frustración, alegrías, izadas de bandera, muertes, balances positivos y sueños truncados.  Expulsar esos demonios que dañan y hacer catarsis física de los abismales vacíos o fortalezas que se tengan. Escribir es retratar en el lienzo de la literatura las vivencias, opiniones y esencias del alma que los dioses mundanos nos dieron.  Se escribe por pura desesperación.






Se escribe en busca de la inmortalidad, en busca de la trascendencia en un mundo que en cualquier momento nos borrara del mapa. Se escribe en busca de ser algo más, que ese diáfano y estúpido: “ser alguien en la vida”. Se escribe para no morir o por lo menos para hacerlo con cierto estilo, entre nómadas que solo utilizan su cabeza para funciones básicas y fisiológicas como follar, cagar o alimentarse.  A veces (y aun sintiéndome una mierda), los envidio. Creo que sería más fácil una vida preocupándome por maricadas y contentándome con cosas aún más turbias y estúpidas. Escribir es una salida y un abismo a la vez, porque se es esclavo de lo que se dice y más cuando lo que se dice se documenta.






Hoy es un día de esos donde casi no encuentro las palabras, pero las pocas que logro conexar,  me sirven para sacar tantas verdades que a veces me omito a mí mismo. Escribir tal vez para muchos no sea más que una labor intelectual común. Lo sé, pero para mí a veces lo es todo y más cuando uno debe purgar constantemente una cabeza que todo el tiempo da vueltas y que se estrella con mil realidades. Debe ser el cansancio, la fatiga, la falta de sueño, el exceso de muchas cosas nocivas o simplemente ese existencialismo hijo de puta del cual se llenan mis días a veces. No sé. Creo que moriré sin saberlo. Pero solo tengo algo en claro: esto, escribir, le quita balas a mi pistola. Le da vida a este sinsabor tan desesperante que vivo día a día…

viernes, 23 de noviembre de 2012

EL PRIMER AMOR





Las primeras veces marcan la vida por su precedente numeral y por su aparición pionera,  en el pentagrama de nuestras notas a vivir e interpretar en el cabaret burlesque de la vida. Somos individuos en continuo aprendizaje, donde la regla del ensayo y error impera. Vamos acumulando estas caídas en falso y estos aciertos, para condensar una serie de experiencias, que nos permiten cimentar una madurez y concretar puntos de criterio individuales, desde los cuales entendemos, desciframos y catalogamos, lo que vemos en el mundo en escaparates gastados  que huelen a oxido y así  mostrar nuestro punto de vista sobre lo que deriva del mismo. Experiencias que nos van curtiendo como el cuero y que nos llenan de prejuicios, miedos, escepticismos, omisiones y el complejo de negación propio de una mente mal elaborada como la humana.





El primer amor es eso. Una experiencia más. Una expresión libertina del espíritu que extralimita sus alcances y llena de espejismos amenos e idílicos los días rosados, que se cargan al sol de verano, con promesas de “para siempre” invocando eternidad, de “nuncas” que jamás se cumplirán y fidelidades que tal vez se caigan por su propio peso. El primer amor es esa primera experiencia en virgen a un mundo que nos taladra la cabeza con estereotipos interpersonales donde el amor es una base de todo lo que se rodea y también del mercadeo  de los vendedores de flores, los propietarios de salas de cine, los fabricantes de osos de peluche y los agentes cambiarios de las lunas de miel en el caribe.




Lo que lo diferencia del resto de amores que tendremos en nuestra vida es que este de cierta forma es puro, genuino, carente de vicios. En el no ponemos como punto de comparación nuestro pasado porque simplemente no existe, ni tampoco un presente, porque sencillamente no se contempla, no se piensa, no se desea. El primer amor acoge nuestros sentidos y pone nuestras hormonas en un plano supremo, donde entablamos guerras a diestra y siniestra con la valentía que puede generar un sentimiento tan ambiguo como este. Un sentimiento que se puede enfrentar a lo que sea.  De allí aprendemos a explorar las facetas mas intimas de nuestra existencia: nuestra sexualidad, nuestra capacidad de aguante, nuestra disposición de dar y de recibir. De sufrir y de también gozar. De ser quienes queremos ser  y de soñar (así sea desde la ingenuidad y por un instante), que el mundo es bueno, que las cosas bonitas duran para siempre y que la felicidad puede parecer por instantes eterna.







Es ese primer amor el que demarca muchas cosas. El que delimita nuestra posición hacia los demás en un futuro inmediato. Dependiendo de lo que se viva se saca lo mejor o lo peor de nosotros desde nuestras entrañas. Porque así como hay los que son una odisea cancerígena, también los habrá edificantes y placenteros (de todo hay en la viña del señor). Porque por lo menos para mí,  la regla básica de eso llamado amor,  es que es como subirse a una montaña rusa. La primera vez se despliega toda la adrenalina, se grita genuinamente y el miedo placentero se desborda. Ya las otras veces puede ser rico e inquietante, pero ya sabes que se va a sentir y promedias lo que puede o no pasar. Lo que se puede o no esperar en determinadas ocasiones. Todo se vuelve predecible, y uno, por los golpes,  más escéptico…

martes, 20 de noviembre de 2012

EL CLUB DE LOS SOBREVIVIENTES


Todos tenemos luchas. Pugnas por las cuales nos levantamos todos los días y seguir adelante. Todos somos los sobrevivientes cotidianos de nuestras propias existencias que consigo traen calamidades, alegrías, retos, nostalgias y partituras inconexas. Todos vamos labrando nuestros futuros con el esfuerzo de nuestros presentes y las pocas o muchas enseñanzas de nuestro pasado. Todos lo hacemos. Desde el tirano en su trono, hasta el asalariado en su cárcel cubicular. Desde la ama de casa, que se levanta temprano cada mañana con el afán de hacer la comida para sus hijos hasta la prostituta que se perfuma y depila sus piernas curtidas de cuerpos ajenos y fluidos incontables.





Somos sobrevivientes condenados de  un crimen que no fuimos participes. Somos sobrevivientes de un crimen operacional que nos hace huir como reos desesperados, que hacen lo posible por resguardarse de la mejor forma. De resguardarse de la mejor manera posible en el oficio abyecto de vivir. Nos educamos, trabajamos, delinquimos, fundamos empresas, instauramos ideales, vendemos niños en el mercado negro, lavamos la ropa de otros, somos deportistas consagrados, cualquier cosa. Cualquier cosa con tal de tener un contacto espacial y poder seguir con el camino de la vida que solo traza  el punto de partida, pero que nos niega el saber cuál es el punto de llegada.




Somos conejos arrojados a su suerte a un bosque lleno de fieras y almas caníbales.  Conejos que asustados y con los ojos dilatados por el miedo, hacen lo que sea con tal de llevar algo que llene el estómago, la codicia, el ego y la avaricia necesaria para sobrevivir. Sobrevivir a un mundo que te ríe en la cara y te hace pistola. Un mundo en el que si no te sabes comportar, te da una patada en el culo o simplemente te lleva a la indigencia conceptual de las mentes que son arrulladas por las telenovelas y criadas por la ignominia de la ignorancia.





Estamos perdidos y a veces entre letras nos encontramos, nos damos un aire de respiro para poder sucumbir ante la estampida que quiere que nos devoremos los unos a los otros. Sobrevivimos heroicamente en un mundo que se escandaliza porque maten a un soldado judío, pero que no se inmuta ante la barbarie y la matanza de los palestinos en la franja de gaza. Un mundo que asesina sus niños y los envía a la guerra y que también tiene “cajitas felices” para que los demás niños piensen que el mundo es lleno de colores y que los payasos no son una mierda. Todos somos sobrevivientes de una catástrofe que cada vez asemeja a ese inmenso infierno que relato Dante Alighieri. Un infierno que soslaya y se antepone a el que los mercados de la fe católicos toman como fundamento de su marketing. Somos la horda del club de los  sobrevivientes locos que pronto irán de dos en dos hacia la hoguera… 

lunes, 19 de noviembre de 2012

LA VIDA Y LA MUERTE
















La vida y la muerte son dualidades opuestas, pero con puntos en común diversos. Son un binomio de
factores, que,  como en una ruleta rusa, llegan en nuestra contra o en nuestro favor. Muchos ven la vida como una bendición. Un regalo divino que las fuerzas todopoderosas del universo pioneras en imponer vida y muerte a su antojo. Para otros es un infierno candente que desangra las fuerzas y se prolonga por el sufrimiento. La muerte también para algunos se puede tomar como una inmensa tumba con un epitafio doloroso, mientras para otros puede ser el bálsamo que infiere y embiste de paz. El fin del dolor o de una existencia insoportable e inviable. Puntos diversos que con su variedad producen tantas conclusiones, como personas para opinar sobre las mismas. Porque no es lo mismo vivir entre la hambruna en etiopia, que en una casa de clase media donde puede faltar de todo, menos la comida. Porque no es lo mismo morir joven por un balazo asesino, a recibir con agrado a la guadañadora de almas en una cama de hospital con una enfermedad penosa.

Una dualidad real e inquietante. Una dualidad que todos inevitablemente empalmaremos para confrontarla…

domingo, 18 de noviembre de 2012

DOMINGO, NUTELLA Y RECUERDOS


La mente es una cárcel que constantemente abre ventanas, por las cuales entran tenues rayos de luz, que permiten sacar desde el pozo séptico de las entrañas, flores de loto que  se van expandiendo, a medida de que intentamos abrir lo que pensamos al mundo. La mente es un ensamble de fichas de rompecabezas, que empalma piezas  coloridas con otras  desgastadas de tanto uso y abuso.  Es uno de esos rompecabezas de paisajes naturales  difíciles de descifrar, que con cada empalme proporciona una  pasajera satisfacción, pero que en seguida sugiere una gran bitácora de retos, una seguidilla de insatisfacciones y una cuenta larga de arrepentimientos.





Por ello viendo por el retrovisor de mis pensamientos, se van divisando con nostalgia esos tiempos pasados que se presentaron con la intención de perdurar por siempre, pero que se quedaron en los anaqueles de las experiencias vividas, los rostros recorridos, los cuerpos amados y las caricias fosilizadas.  La mente elabora nostalgias que rememoran esos instantes en los que el corazón palpito con fuerza y los deseos parecían ilimitados. Un universo paralelo en el que al parecer fuimos  más felices o por lo menos estuvimos menos contaminados. Un pasado sin calentamiento global, globalización, reelecciones o miedos que se cimentan en las bases endebles de la adultez.





Nostalgias por esos días de rodillas raspadas, besos robados, escondidas de incontables nacionalidades y sencillez. Nostalgias de tiempos más reales y menos virtuales. Tiempos donde el contacto era real y humano y no digital y sistemático como ahora. Nostalgias por esos días donde el amor era algo valido y no solo un producto más de los tantos enlatados que nos vende esta sociedad de supermercado. Recuerdos, recuerdos y más recuerdos que se agolpan y se acumulan en esas eternas miradas vacías al blanco techo, desde la cárcel mental  de barrotes inquebrantables. 

martes, 6 de noviembre de 2012

PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA






El conflicto en Colombia es una analogía de su mismo territorio. Lleno de abruptos físicos y geográficos, que ponen en la misma mesa grandes llanos y planicies con una cordillera de los andes trifurcada en la cual se acomodan todos los pisos térmicos, que, van desde la playa que se arraiga al mar, hasta las nieves perpetuas que con los dedos intentan tocar el cielo. Un orden de contrastes que son tan movibles y variados como los caminos que se labran en un país que se cimenta en bases inestables y con abismos a lado y lado. Un barranco de sueños, saqueos, avaricia e inocente esperanza.




Un conflicto desencadenado a sangre fría y latente desde la época de los sesentas,  por guerrillas campesinas acunadas y fundamentadas ideológicamente,  por la extrema izquierda y grupos paramilitares,  ideados por la extrema derecha y la oligarquía siempre imperante de parte del estado.  Un conflicto que ebullicióno  en la época de la violencia partidista, lastre de aquella  pugna que se vivió en el país en “La nueva granada” donde después del régimen monárquico español, el conflicto de intereses y el como dirigir un país de desarraigados y campesinos, sustento la idea de sesgar la cabeza de muchos.





Este mismo conflicto se recrudecería con el tiempo y con la llegada del demonio del narcotráfico que cambio ideales por ingresos descomunales producto de la comercialización de la droga hacia los gigantescos mercados de drogadictos gringos, que con sed descomunal pedían  a gritos ese polvo blanco que en los setentas y ochentas segregaba la violencia, la falta de oportunidad y esa mal llamada “malicia indígena”,  que no mide medios para llegar a cualquier fin.  Una raíz maligna de lo que seria el exterminio de la Unión Patriótica, el auge de Pablo Escobar, la expansión de las narco-guerrillas y el conflicto armado, la narco- política del gobierno de Ernesto Samper, el secuestro como sustento presupuestal de los agentes armados, los diálogos infructuosos del Caguan en el gobierno de Andrés Pastrana y la nefasta conclusión,  como lo fue el gobierno de Álvaro Uribe Vélez  y su vestigio de corrupción, trafico de influencias, prevaricatos, demagogia y plutocracia lacerante y excluyente de sus dos periodos presidenciales.





Una antesala que es el basto escenario de la política colombiana. Una política cada vez mas indulgente con los grandes asesinos de su historia (Jorge 40, Don Diego, Martin sombra y demás). Un país al cual sus ciudadanos no le creen. Un país por el cual solo las multinacionales con sus funestos intereses da tres pesos. Un país que como diría el inmolado Jaime Garzón, carece de una memoria colectiva que le permita hacerse valer como esa sociedad civil que tanto se nombra, pero que poco se hace valer.  Que vota por un tamal, un mercado, un billete por esos mismos que mas tarde los exprimen. Que solo sirve para salir a manifestarse después de una bomba.






Por ello en Colombia el proceso de paz en si solo se ve como una formalidad mediática que se le presenta a los ciudadanos, para que, como una cortina de humo, se olvide de cosas mas relevantes que el  acuerdo entre los vándalos mas acérrimos. Porque un proceso de paz en Colombia no es una conversación tipo película Disney. No. Es un dialogo entre paracos, políticos, lagartos, criminales de cuello blanco y guerrilleros que han despojado, desplazado, asesinado, desfalcado, secuestrado y desangrado al pueblo colombia. Un aquelarre de brujas, del cual esperamos que se pueda parir la paz. Porque eso que nuestros padres cobijaron con tanto esmero, “la esperanza”, ya se perdió. No por un negativismo infundado, sino por una serie de factores que hacen que nosotros, los colombianos, no seamos más que una parte, de una gran maquinaria aceitada cada cuatro años con propuestas utópicas y manos cada vez más avaras.




Esta es solo una percepción de un colombiano mas, que por cuestiones del azar,  nació en estas  pugnas mediáticas y en una posición histórica poco favorable,   de la cual solo se puede percibir el despilfarro, el poco sentido de pertenencia por lo publico y esa falta de lógica, en la cual, un estado que como bandera constitucional tiene al “estado social de derecho”, le apuesta mas a las balas que a la formación de conciencias criticas, que no se inflen porque gano la selección Colombia, sino por el cambio estatutario, positivo y productivo de sus instituciones. Porque este país,  JAMAS tendrá la paz, si la brecha social no se acaba, o por lo menos se detiene. Porque la idea de libertad y de ciudadanía JAMAS se tendrá en un país que manipula los medios de comunicación y la ciudadanía es reprimida con tanquetas y chorros de agua cada vez que decide manifestarse ante la opresión de la avaricia del sector privado. Porque la idea de paz en Colombia, solo servirá para que nuestros dirigentes y demás delincuentes se vaya a un tour por el mundo con el dinero de nuestros impuestos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

I´M FOLD



Nos hemos educado para sortear ciertas situaciones en las cuales hay vademécums para ciertas dudas, ciertas dificultades y ciertas situaciones. Sabemos que los errores se deben sumar, las virtudes se restan a medida de que se crece, los interrogantes se multiplican por cada paso que se da y que nuestra vida está dividida entre múltiples responsabilidades y dos o tres pizcas de felicidad. Llevamos impresos ciertas actitudes hacia ciertas cosas y de allí,  derivamos unas posibles respuestas, que nos permiten convivir con nuestras dudas y naufragar sin problemas, en el mar de interrogantes que rodea nuestra existencia. Vamos lidiando bestias, que se alojan en nuestra mente y que construye castillos en el aire, donde nos los hay  y donde nunca los habrá. Tenemos todo eso, pero a veces no es suficiente. A veces no basta con lo aprendido en la palestra y tenemos que improvisar. Tenemos que sacar un as bajo la manga, ante esas sorpresas que no se presupuestaron jamás. Sacar el as bajo la manga así tengamos una camiseta. Y no precisamente es ponerle el pecho a las balas o sacar el “corazón valiente” que tal vez jamás tengamos. No. Es inclinarse por lo debido. Por eso que siempre le criticamos a nuestros padres, pero que en la vida de adultos, vemos que es lo mejor (con terror claro está). Que los malos y los buenos no se dividen en dos bandos, como pensábamos cuando éramos niños,  sino que estos en la vida adulta se intercambian según la conveniencia y que muchísimas veces,  se mezclan en un perfecto binomio. Que a veces es mejor dar un paso al lado y estar concentrado en esos egoísmos que tanto nos gustan. Que el placer de la carne aunque efímero y temporal, es plano y llevadero.  Que en las buenas intenciones no se puede confiar. Que a veces es mejor hacer como Batman y desaparecer con estilo... 

jueves, 1 de noviembre de 2012

MEMORIAS SIN ITINERARIO


Tomando carretera al sur, voy por las amplias vías de este ecuador que entre olores de café y extensas plantaciones de plátano, acaricia el pacifico y engalana con sus montañas blancas la puerta de oro de Suramérica. Como la nieve de invierno europeo, en una analogía natural de aquellos Alpes suizos, que entre chocolates blancos y relojes de marcación perfecta me acompañaron por las soledades de las caras adustas de los escandinavos. Tomo un poco de ron y del baúl de mis memorias, evoco aquellas blancas playas de varadero en cuba. Esas que acogen turistas incautos en busca de paisajes amenos, ambiente revolucionario y una utopía social llena de paradigmas inaprensibles  y que están adornadas por la belleza de esos rostros caribeños de blancas sonrisas y de piel morena. Tomo algo del aire que llega por mi ventana y mis sentidos se difuminan por aquellos perfumes parisinos que use en mis años de juventud, mientras con un té en leche caliente en la mano observaba con apremiante atención la imponencia de la torre Eiffel y la arrogancia de los franceses. Un camino más, que se labra entre una ruta inhóspita e inquietante como las pirámides de Guatemala, que con sus laboriosas figuras prehispánicas  me enseñaron la imponencia de la materialización del espíritu y el arte que deriva de la preocupación por el tiempo. Una travesía sin itinerario, sin una brújula que delimite nada. Una cruzada que tiene punto de partida, pero no un punto específico de llegada. Un paso más al frente como los muchos que se han dado, pero que ahora tiene un tinte que lo acentúa más: mi vejez.

lunes, 29 de octubre de 2012

SUEÑOS FOTOCOPIADOS


La cotidianidad cimienta sobre nuestras existencias barrotes inmensos sobre las canteras de nuestros miedos, nuestras  verdades a medias y nuestras inseguridades mas latentes. Nos acostumbramos a ciertas conductas buenas y malas con regularidad adoptando posturas toscas, ciegas y vagas  sobre lo que esta vista unidimensional, de un universo de posibilidades llamado vida.  Se forjan metas, ideales, fines y medios para comprar sueños fotocopiados, donde hay una casa grande, un carro de último año en el garaje, una esposa rubia esperando  sonriente con un whisky en la mano y un perro pequeño que haga escándalo y se alegre por nuestra llegada. Sueños maquinizados y hechos en serie para autómatas que se contentan con  lo poco que les puede limosnear el capitalismo compulsivo y enfermo que dirige las cuerdas de la marioneta  con la que dirige el penoso drama del apocalipsis actual.






Acostumbro a hablar mucho o muy poco.  Soy de ese tipo de extremos. Hablando con las miles personas que he visto  en mi vida, me he encontrado con que tal vez ni mi vida, ni la de nadie, es tan autentica, ni tan única como uno pensaría. Todos somos parásitos programados para estar en torno a un inmenso motor llamado dinero. Somos bacterias aferradas a la idea de  que debemos hacer lo que sea con tal de tenerlo, así sepamos, que eso, el dinero, no es más que papeles con colores y hologramas de seguridad  creados por sujetos que consideraron que el alma era mejor vendérsela al diablo y que la idea de compartir o de valorar  que es mejor ser, que tener, era insoportable e inaudita.





 Hablo con los demás y veo que así jamás me hayan visto en su vida, quieren lo mismo. Quieren el auto, la casa, la esposa, la familia, las vacaciones al mar y la pensión que acredite la irrisoria contraprestación al esfuerzo de una larga esclavitud remunerada. Esos sueños fotocopiados que chocan con nuestras expectativas infantiles, en las que podíamos ser bomberos, policías (que vergüenza con todos ustedes), pilotos de avión, superhéroes o hasta astronautas, sin tener en cuenta  el hecho de haber nacido en un país del tercer mundo, lleno de corrupción,  contradictor acérrimo de la educación y la cultura y con una malversación de fondos, que algún día lo terminará de hundir. Una diluida y espesa bola de nieve, que nos permite la efímera ilusión de aparentemente tener libertades y la posibilidad de sueños, mientras la sistematización existencial, nos induce al canibalismo de nuestro tiempo, por espejismos de trascendencia, austero éxito y superdesarrollo del enfermizo ego.





Esta es una opinión más de esto que solo  evado cuando leo más allá de lo que todos consumen y hago esas cosas que me permiten placeres pequeños, como lo es en este momento escribir. Una opinión de un individuo más que comparte sueños, anhelos y proyectos fotocopiados. Esta es mi fugaz libertad que me proveo cuando decido sin querer alejarme del rebaño y plasmar en letras lo que me inquieta. Un momento de libertad que con todo mi corazón espero sea reciproco estimado lector.

miércoles, 24 de octubre de 2012

JUICIOS APRESURADOS









Uno camina  por la vida sentenciando mediante estereotipos a los demás. Va catalogando al que viste traje, de doctor (así sea un ladrón de cuello blanco) y al que trae jeans y tenis, como un tal por cual (así sea un billonario como lo era Steve Jobs). Se van catalogando como productos perecederos todas y cada una de las personas con las que compartimos, con las que interactuamos y   las que vemos transitar por nuestros horizontes gráficos. Vamos pensando de manera plana y derivamos de estos mismos juicios erróneos de lo que en realidad son las personas y ese universo que se arraiga de ellas, haciendo de nuestro mundo real, algo no tan verdadero. Un universo presente, pero sin juicios claros de certeza.




Hace unos días iba con mi hermano menor, caminando para almorzar algo en un centro comercial  que queda cerca de nuestra casa. Íbamos  caminando por una calle transitada de esta convulsionada Bogotá, esta ciudad, que nos vio nacer y que entre trancones descomunales, días grises y brazos abiertos, nos acoge a propios y extraños sin discriminar. Íbamos  caminando entre nuestras conversaciones cargadas de risas, bromas y cuentos largos, cuando una imagen  nos inquieto. La imagen no era una transformación surrealista del entorno, ni un amanecer  en el mediterráneo. No. Era una de esas lecciones  simples y profundas que da la vida sin siquiera buscarla. La escena era esta:





Un señor invidente estaba tocando unos acordes con su guitarra y en frente tenía un vaso en el cual los transeúntes ponían las propinas o limosnas, por el arte que estaba ofertando. Hasta ahí todo normal, no es raro ver en cualquier metrópoli una persona que por medio de algún talento artístico, se gane la vida y sustente sus necesidades básicas por medio del arte. No lo raro es que este personaje estaba acompañado de un sujeto que muchos catalogarían con lenguaje despectivo como un “desechable”, “indigente”, “gamín” y demás términos lacerantes que le pone la gente “de bien” a los que han sido más bien desafortunados en esta montaña rusa llamada vida.




Cualquiera hubiera podido crear juicios sobre la presencia de este sujeto, teniendo en cuenta que estaba el señor invidente en un estado de indefensión evidente, que estos  habitantes de la calle por lo general buscan en el hampa un refugio para mitigar sus necesidades  que el vaso de las monedas estaba a medio llenar. Un coctel propicio para que se diera la conducta típica y delictiva por parte de este personaje cubierto de harapos sucios, rechazo constante y soledades, que los llevan a la esquizofrenia y la demencia. Esto mismo no ocurrió. Por el contrario fue interesante ver una discusión entre dos extraños, cubiertos por calamidades diferentes, conjugar y hacer catarsis de la realidad por medio de conversaciones sobre la calamidad de los grandes músicos, los tenores y cantadores portugueses y todas aquellas cosas que derivan de algo tan sublime, universal  e incluyente como lo es la música.








Una imagen que tal vez para más de uno pasara inadvertida porque para la gente hay otras prioridades. Porque para algunos es más importante  ir rápido al trabajo. Porque para algunas es más importante correr no por salud, sino para bajar la grasa que permitirá ser el objeto sexual de cualquiera que la quiera desear y llevar a una buena cama. Porque para algunos es mucho más importante estar pendiente de la vida de un protagonista de portadas  de revista. Porque toca ahorrar billetes para que en la pensión se tenga para la diálisis. Porque para casi todo el mundo, es más fácil apuntar el dedo, en vez de entender que las fachadas y los estuches de las personas, son solo una más de esas tantas facetas, que debemos interpretar en el papel de la vida. Que nos pasamos la vida criticando, entablando sentencias y pensando que somos perfectos, cuando instantes como los que relato anteriormente, dan por entendido, de que nuestra visión del mundo es muy vaga y que así como no todo lo que brilla es oro, no todo lo sucio es siniestro.





Si quieren ver los músicos algún día, los he visto cerca del barrio Pontevedra en la ciudad hermosa de Bogotá. 

lunes, 22 de octubre de 2012

UNA SERVILLETA


Todo  se empieza a desmembrar de manera paulatina y el resto de los mortales ni lo nota.  Las noticias de los diarios van contando de a pocos y con retazos de tela maloliente, que las cosas van bien, mientras los desahuciados se van dilapidando sobre camillas de hospital.  Enciendo la televisión en busca de algo que pueda llenar el vació de esas horas en las cuales nada es suficiente y solo dan ganas de oprimir el botón “off” para enviar por el desagüe,  tanta basura acumulada en espacios televisivos vomitivos y adictos a la mediocridad. La gente se aferra a discursos de actitud positiva,  de caras felices y realidades utópicas. Se contentan con saber que las cosas les proporcionan un placer estable y que la insabora vida, se puede llegar a condimentar con mentiras, falacias y mundos anexos, a lo que realmente escatima la realidad. Todo pasa en una mañana de ambiente tenso, lluvia sutil y pensamientos grises. De esos días donde uno solo quiere que el sueño llegue, para que repare algo de lo que en algún momento se quebró. Todo pasa, todo cambia y el pasar de los años cala en los huesos la desconfianza y la poca fe en una estirpe de poca monta como la humana. Luces, olores amenos y  café caliente.



Es increíble la cantidad de  sensaciones que se pueden liberar  con una servilleta y un bolígrafo…

miércoles, 17 de octubre de 2012

ZAPATOS EMPAPADOS


La gente corre por las calles buscando refugio ante la lluvia, que, inclemente,  arremete por cada rincón  de la fría, húmeda y oscura noche de la ciudad. Van despavoridos, buscando refugio, de un fenómeno natural que incomoda y espanta los asomos de cualquier cara festiva. Salen corriendo de la lluvia y exteriorizan su malestar con caras largas, pasos rápidos, sombrillas enormes y saltos, para evitar los charcos del diluvio que se impone, en el marco delgado que instauran los espejos de agua del pavimento.




Corren y  culpan a la lluvia por su desgracia pasajera y eventual, para olvidar o desvirtuar, el hecho de que también corren de sus propias vidas. Una vida que los exprime de sol a sol por un par de monedas  o una retribución balbuceante y descendente llamada: hijos. Corren de existencias basadas en anhelos  fotocopiados, sueños coartados, realityes descerebrados, detergentes anti-grasa y jefes con un arribismo superdesarrollado.




Corren por un pánico existencial que los obliga a moverse rápidamente para llegar a sus casas, cenar algo medianamente decente, dormir ocho horas y levantarse a darle vida a esa muerte lenta, cínica y nociva que emerge de a pocos, como lo es la rutina. Una estampida de bestias, que se escabullen en una remuneración mensual, para mitigar el peso de esa burla macabra que  termina siendo la adultez  y las consecuencias que esta amputación existencial acarrean.




La gente corre y culpa a la lluvia de sus desgracias. Es entendible, total,  siempre se debe culpar a alguien. Mientras tanto,  yo disfruto el instante y el como la lluvia corre mi cuerpo,  empapando mi universo y mis zapatos  nuevos…

martes, 16 de octubre de 2012

LA GENTE SOLITARIA








































Muchos critican a la gente solitaria que se sale del rebaño por  ratos y  nos catalogan de austeros, ensimismados, callados, apartados y hasta peligrosos, sin darse cuenta de que simplemente,  somos personas que le damos prioridad a lo que se siente y no a lo que se pueda albergar en el ínfimo abismo de los bolsillos o las emociones pasajeras. Que somos parte de un mundo indiferente,  del cual solo se deriva una sensación de incomodidad y hastió. Que el motor que impulsa a los demás borregos del inmenso rebaño, no es operable con lo que denominamos o consideramos importante. Que simplemente somos personas aisladas  por el placer de la autentica independencia y que simular ser iguales a los demás, o imitar eso que llaman “ser normal”,  nos resulta odioso, lascivo, despectivo, frustrante y porque no, tortuoso.




Somos de los que entre calle y calle vamos divagando, con formas de adaptación tardías, con un mundo alienante que se deslumbra por estúpidas materializaciones  de felicidad como el dinero, mientras un atardecer de tonalidades rojas o un poco de lluvia en la ventana, nos llena el alma, así no se llene nuestra  cuenta bancaria. Soy de esa estirpe que no se quiere casar, no quiere tener hijos, no quiere conseguir el amor de la vida y tampoco quiere trabajar en una empresa,  hasta que llegue el día en el que haya derecho de mendigar una irrisoria pensión laboral, con el penoso arancel de la vejez.  No. No puedo. Me niego, y  no porque entre mis múltiples personalidades,  viva el mendigo urbano o el arrimado consumado. No.  Considero que  el crecimiento intelectual debe ir de la mano del bienestar integral y no debe desperdiciarse el talento,  con ventas de poemas en la calle por unas monedas o en el abismo infernal de la bohemia decadente. Solo que mis divagaciones hechas en tramos solitarios e íntimos, me instan mas a valorar esa perspectiva de lo que ha sido, es y será (no se por cuanto tiempo mas), mi vida. Esa que será la única que podre vivir y de la cual tengo conocimiento de causa para poder hablar, opinar y discutir. De las demás solo tengo reseñas vagas y lánguidos vínculos genéticos.





Soy de los que necesita estar solo para analizar, girar, creer y construir un mundo  paralelo medianamente  ameno para ofrecer. Un mundo lleno de letras, días de locura, noches decadentes e historias por contar. Un mundo de risas contagiosas y estridentes y helados de vainilla. Un mundo de comida chatarra y depresiones pasajeras.  Un mundo de viajes que vivo desde la cabina de mi cabeza y que haya recorrido desiertos peruanos, paramos andinos  y paisajes albinos en montañas ecuatorianas.  Un ambiente que difiere del egoísmo, pero que devenga  una gran cantidad de tiempo en cosas que para la mayoría, no son o no pueden parecer importantes,  como lo es escribir sobre las cosas que me inquietan. Leer aquello que abra mi mente como las piernas de una prostituta vieja. Escuchar algo que purifique la banalidad obscena de la música de bus, o simplemente disfrutar  de un paisaje bizarro,  en compañía de una soledad  reconfortante  que permita, que,  de una caminata como esta , se deriven estas letras que escribo, sacadas de mis pedazos rotos empalmados con esfuerzo, que algunos llaman Diego y que están pegados con leche condensada.





Por ello ser un solitario para mi,  no es un estado precario, sino por el contrario es un ameno encuentro con las entrañas malolientes y los sueños puros. El encuentro con la única persona que con suerte algún día llegaremos a conocer: uno mismo.




martes, 9 de octubre de 2012

A NADIE





Quiero que seas para mi eso que aun no me han ofrecido a soñar, pero que en las noches frías espero me abrigue. Quiero que espantes mis pesadillas, mis miedos y mis inseguridades,  con sonrisas, sarcasmos necesarios, conversaciones vagas y sorpresas gratas, que llenen mi alma y espanten los fantasmas matutinos y las nubes grises. Quiero que saques los demonios de mi alma y los lleves a caminar por el bosque solitario y déspota,   y los dejes allá,  en la deriva,  para que se pierdan entre espejismos,  como en el cuento de Hansel y Grettel. Quiero que escuches mis silencios, debatas mis soledades y respires mis suspiros,  en inhalaciones sinceras,  profundas y certeras. Quiero que quites el frió de mis pensamientos  y calientes mi corazón,  con versos  dulces y canciones tristes,  que adornen esas tardes de domingo con lluvia de fondo y recuerdos encharcados. Quiero que seas tú y me dejes,  solo en las ocasiones en las que te sea insoportable. Quiero que te quedes en el lugar que muchas han querido estar,  o en el mismo del cual algunas se han ido o he sacado a las patadas. Quiero verte y sentir un poco más allá y tenerte siempre acá. Quiero muchas cosas y no se pedirlas.


lunes, 8 de octubre de 2012

DIAS BALDÌOS







Uno se invade de obsesiones baldías y va llenándose de metas que paradójicamente cada vez se ven más lejanas y esquivas. Va cargando se de expectativas sin notar y caer en la cuenta de que el exceso de ellas es la palpable carencia de realidades. Los años pasan  con el peso de los mismos, vamos creando castillos de arena en la playa que poco a poco va derribando la marea de los acontecimientos, dejándonos con la misma pala y el mismo balde con el que empezamos y diseñamos parte de todo este caos. Uno se llena de eso. De fracasos simultáneos que afligen el alma y hacen que la idea de irse de una vez por todas de este mundo no suene tan descabellada. Que la idea de dejarse arrastrar por la marea no sea tan cobarde. Esta no es una nota suicida. Me faltan  muchos cojones para semejante decisión y segundo hacer una nota así seria algo que preferiría dejar para hacerlo después. Esto solo es un lapso de descanso en una banca solitaria, para descansar un poco de la rutina que asfixia y nubla el panorama. Un paso al lado de un camino demasiado variable para mi gusto. Un paso al lado para tomar fuerzas y levantarme una vez más, para exigirme a mí mismo la vigencia de dar más y extinguirme poco a poco y cada vez menos. De renacer como un Phoenix maltrecho de alas desplumadas y surgir de las cenizas…