Todos tenemos luchas. Pugnas por las cuales nos levantamos
todos los días y seguir adelante. Todos somos los sobrevivientes cotidianos de
nuestras propias existencias que consigo traen calamidades, alegrías, retos,
nostalgias y partituras inconexas. Todos vamos labrando nuestros futuros con el
esfuerzo de nuestros presentes y las pocas o muchas enseñanzas de nuestro
pasado. Todos lo hacemos. Desde el tirano en su trono, hasta el asalariado en
su cárcel cubicular. Desde la ama de casa, que se levanta temprano cada mañana
con el afán de hacer la comida para sus hijos hasta la prostituta que se
perfuma y depila sus piernas curtidas de cuerpos ajenos y fluidos incontables.
Somos sobrevivientes condenados de un crimen que no fuimos participes. Somos sobrevivientes
de un crimen operacional que nos hace huir como reos desesperados, que hacen lo
posible por resguardarse de la mejor forma. De resguardarse de la mejor manera
posible en el oficio abyecto de vivir. Nos educamos, trabajamos, delinquimos,
fundamos empresas, instauramos ideales, vendemos niños en el mercado negro,
lavamos la ropa de otros, somos deportistas consagrados, cualquier cosa. Cualquier
cosa con tal de tener un contacto espacial y poder seguir con el camino de la
vida que solo traza el punto de partida,
pero que nos niega el saber cuál es el punto de llegada.
Somos conejos arrojados a su suerte a un bosque lleno de
fieras y almas caníbales. Conejos que
asustados y con los ojos dilatados por el miedo, hacen lo que sea con tal de
llevar algo que llene el estómago, la codicia, el ego y la avaricia necesaria
para sobrevivir. Sobrevivir a un mundo que te ríe en la cara y te hace pistola.
Un mundo en el que si no te sabes comportar, te da una patada en el culo o
simplemente te lleva a la indigencia conceptual de las mentes que son
arrulladas por las telenovelas y criadas por la ignominia de la ignorancia.
Estamos perdidos y a veces entre letras nos encontramos, nos
damos un aire de respiro para poder sucumbir ante la estampida que quiere que
nos devoremos los unos a los otros. Sobrevivimos heroicamente en un mundo que
se escandaliza porque maten a un soldado judío, pero que no se inmuta ante la
barbarie y la matanza de los palestinos en la franja de gaza. Un mundo que
asesina sus niños y los envía a la guerra y que también tiene “cajitas felices”
para que los demás niños piensen que el mundo es lleno de colores y que los
payasos no son una mierda. Todos somos sobrevivientes de una catástrofe que
cada vez asemeja a ese inmenso infierno que relato Dante Alighieri. Un infierno
que soslaya y se antepone a el que los mercados de la fe católicos toman como
fundamento de su marketing. Somos la horda del club de los sobrevivientes locos que pronto irán de dos en
dos hacia la hoguera…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario