martes, 20 de noviembre de 2012

EL CLUB DE LOS SOBREVIVIENTES


Todos tenemos luchas. Pugnas por las cuales nos levantamos todos los días y seguir adelante. Todos somos los sobrevivientes cotidianos de nuestras propias existencias que consigo traen calamidades, alegrías, retos, nostalgias y partituras inconexas. Todos vamos labrando nuestros futuros con el esfuerzo de nuestros presentes y las pocas o muchas enseñanzas de nuestro pasado. Todos lo hacemos. Desde el tirano en su trono, hasta el asalariado en su cárcel cubicular. Desde la ama de casa, que se levanta temprano cada mañana con el afán de hacer la comida para sus hijos hasta la prostituta que se perfuma y depila sus piernas curtidas de cuerpos ajenos y fluidos incontables.





Somos sobrevivientes condenados de  un crimen que no fuimos participes. Somos sobrevivientes de un crimen operacional que nos hace huir como reos desesperados, que hacen lo posible por resguardarse de la mejor forma. De resguardarse de la mejor manera posible en el oficio abyecto de vivir. Nos educamos, trabajamos, delinquimos, fundamos empresas, instauramos ideales, vendemos niños en el mercado negro, lavamos la ropa de otros, somos deportistas consagrados, cualquier cosa. Cualquier cosa con tal de tener un contacto espacial y poder seguir con el camino de la vida que solo traza  el punto de partida, pero que nos niega el saber cuál es el punto de llegada.




Somos conejos arrojados a su suerte a un bosque lleno de fieras y almas caníbales.  Conejos que asustados y con los ojos dilatados por el miedo, hacen lo que sea con tal de llevar algo que llene el estómago, la codicia, el ego y la avaricia necesaria para sobrevivir. Sobrevivir a un mundo que te ríe en la cara y te hace pistola. Un mundo en el que si no te sabes comportar, te da una patada en el culo o simplemente te lleva a la indigencia conceptual de las mentes que son arrulladas por las telenovelas y criadas por la ignominia de la ignorancia.





Estamos perdidos y a veces entre letras nos encontramos, nos damos un aire de respiro para poder sucumbir ante la estampida que quiere que nos devoremos los unos a los otros. Sobrevivimos heroicamente en un mundo que se escandaliza porque maten a un soldado judío, pero que no se inmuta ante la barbarie y la matanza de los palestinos en la franja de gaza. Un mundo que asesina sus niños y los envía a la guerra y que también tiene “cajitas felices” para que los demás niños piensen que el mundo es lleno de colores y que los payasos no son una mierda. Todos somos sobrevivientes de una catástrofe que cada vez asemeja a ese inmenso infierno que relato Dante Alighieri. Un infierno que soslaya y se antepone a el que los mercados de la fe católicos toman como fundamento de su marketing. Somos la horda del club de los  sobrevivientes locos que pronto irán de dos en dos hacia la hoguera… 

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