
Los medios de productividad que sortea y suministra el mercado, son cada vez mas pequeños a medida que nos hacemos mas grandes. A medida que abrimos los ojos al mundo caemos en cuenta que todo a nuestro alrededor, y que esta hecho para suministrarnos una placida existencia tiene un valor escatimado en pesos, dólares o euros. Recuerdo los días en que tenia dieciséis o diecisiete años y pensaba ansiosamente en cumplir dieciocho para complacer asuntos triviales, como entrar a bares, jugar billar después de las seis de la tarde, y decirle a mis papas que no me jodieran la vida porque ya soy mayor de edad.
El panorama no ha cambiado de manera dramática. Aun vivo como la mayoría de los ciudadanos de clase media en Colombia de mi edad: con o a puertas de un titulo universitario, con padres empleados o independientes, que corren con los gastos y una bastedad de sueños aun no satisfechos. El problema en si no es crecer, no, para nada. Los Peter pan terminan como solterones arrimados a casas de familiares, desempleados o con un subempleo denigrante o en el mejor de loa casos engrosando la lista de indigentes de una ciudad gris como Bogotá.
El problema como tal es operar en una ciudad que esta produciendo cuadros humanos (como el mío o como el suyo), que simplemente sobreviven a la escalada capitalista que pulula en las calles de la ignominia declarada en el mundo y la sociedad colombiana. Es fácil encontrarse en una mesa a un sociólogo, un antropólogo, un sicólogo y un abogado titulado, con los mejores promedios académicos, viviendo el peso social, personal y profesional del desempleo por el simple hecho de no tener experiencia laboral, no estar en la rosca (trafico de influencias para los no colombianos), o simplemente no estar en el orden de los caprichos del empleador del día.
Creo que somos parte de un complot que se fraguo en una mesa oscura y en la cual como en la redonda del rey Arturo, se decreto que Colombia seria un país de profesionales en todas las áreas. Algo así como, muertos de hambre o vendedores de cursos de ingles, escoja. Si, así lo creo y lo debato a partir del hecho de que los ingresos de los profesionales van en un declive decadente y que fomenta la deserción en el plano profesional, la lagarteria, o la no operancia de la relación conocimiento- salario, y si la relación, necesidad- salario. Es decir, en promedio un colombiano que se quiere hacer profesional o para ser mas específicos, un abogado invierte setenta millones de pesos. En este momento mas de una persona se pregunta : ¿en que?, ya le digo en que:
Alimentación, estadía, transporte, taxis (para los días de afán o levantada tarde), copias, libros, trabajos extracurriculares, llamadas , ropa, cerveza los viernes, cafés para trasnochar y embaucar una que otra universitaria y otra vez cerveza para celebrar o pasar el trago amargo de los resultados académicos. Una inversión amplia desde todos los puntos de vista y que hace mella en la economía de las familias que las proporcionan. Ósea, los papas ya no irán a florida a ver a Mickey mouse de vacaciones sino a San Andrés. Ya no van a san Andrés sino a Barrancabermeja. Ya no van a Barrancabermeja sino a melgar. Y así hasta terminar en salitre mágico o mundo aventura con palomitas de maíz como merienda.
Nuestros papas son unos duros en lo que tiene concepto a cultura económica, y “rebusquista” (termino propio recién inventado), a hacer estirar el billete y en todo lo que respecta a escatimar en gastos para hacer de nosotros unos felices e improductivos desempleados con o sin titulo (suspiro). Hace poco leí un libro de Betty Ferro titulado: “es que no me alcanza” y ahí se enuncian unos parámetros específicos para hacer rendir la economía personal y familiar al máximo. Un libro fabuloso desde el punto de vista práctico y metódico para enseñar a solventar los impases de la guerra constante entre los corsarios ingresos y los piratas egresos.
Por eso y ya para finalizar, quiero que las universidades, bancos, empresas, pool de abogados y demás entes que intervienen, dirigen y manejan nuestras oportunidades, se pongan la mano en el corazón (dudo que lo tengan) y sean consientes que los quince centímetros de ancho por dieciocho de largo que tienen los diplomas universitarios, tienen infinidad de sacrificios grupales y sociales que no ameritan que nos den respuestas como estas:
- Es que sin experiencia no me sirve
- Es que la universidad esta acreditada y por eso cobramos lo que nos da la gana
- Es que eso vale y si no tiene váyase para otra universidad
- Es que acá pagamos solamente sueldo integral
- Es que no hay presupuesto
- Es que la situación esta muy difícil y ya colmaron la vacante (el de la rosca ya la tomo)
Es que, es que, es que, es que, es que, es que, es que, es que… parecen tartamudos conceptuales, desperdiciando el talento de los recién egresados y después se hacen presidentes, senadores o cualquier papel de títere de esos para decir finalmente frases estúpidas como estas:
“no entendemos la fuga de cerebros colombianos al exterior…”
IDIOTAS…