
Los elementos de un coctel de posibles accidentes inducidos se mecen sobre la tenue brisa de la contradicción cotidiana. Se mueven diferentes soportes de tu vida en un sismo leve que hace que tus pies se balanceen al son de la música arrítmica de tu pulso cardiaco y las ganas de soltar los pies un poco mas arriba del piso, un poco mas debajo del estrellado cielo.
Tus sentidos se agudizan y la piel se te encrispa en un instante, haciendo de tus poros un ramillete de miles de atómicos volcanes. Bebes algo y el mar de tus ojos se dilata, para agolpar tus pensamientos en una horda de continuas emociones y pensamientos fugaces.
Martini dry es lo que encuentras en una copa llena de preocupaciones y elementos circulares que pasan por tu vida de un muro a otro de la habitación espacial que se haya en tu cráneo. Pides otro y la operación se repite hasta que ya no puedes beber uno más…
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