domingo, 22 de mayo de 2011

YO AMO A BOGOTÁ


El centro de Bogotá y sus calles brindan al espectador una gran cantidad de epicentros permanentes y volubles para expandir entre la comunidad citadina y provinciana una gran cantidad de matices diferentes e interesantes. Roqueros, bohemios, rastas, metaleros, formales, vallenateros y lastres del común se agolpan en la Jiménez, sitio de grandes edificios, universidades con algún reconocimiento y despojos que algunos osados llaman desechables. Cafés de cerveza, tintos con cigarrillo, restaurantes, capitolio nacional y tequilas de mil doscientos pesos.

El mercado es volátil y eso lo ofrece el centro. Hay desde rosas para los enamorados, rosarios para los católicos hasta heroína para las venas y cocaína para las narices de los que se las huelen todas. Hay frio, andén, chocolate, cerro, Monserrate, tinto, derecho, bufandas grises y aguardiente del anís de mis montañas en el ambiente. La salsa inunda las venas y hace mover los pies. Por un momento se olvidan las penas, los infortunios, los desamores y las calles ciegas.

Los ojos se pasean por miles de culturas que anuncian la pluricultural superficie de una ciudad clavada a dos mil seiscientos metros en plena cordillera andina. Una vez más aprovecho la ocasión para decirle a Bogotá en la cara que la amo. Amo sus calles atiborradas de gentes diferentes, su clima, su lluvia, su caos, su inseguridad (porque me invita a estar atento), su rico ajiaco, su Santafé, su galerías en navidad, su comida en Usaquén, sus temerarios cerros, su loca expansión, su irracional implosión demográfica, sus conversaciones, su honor, sus errores, sus virtudes, sus puentes de la veintiséis, su rock al parque, sus museos el festival y el legado que Fanny Mickey dejo (una hija mas), su apetito, su hambre, su sed, su riqueza y su pobreza, por todo esto y mas te amo Bogotá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario