lunes, 9 de mayo de 2011

EL ARRIESGADO OFICIO DE VIVIR


Luchas intrínsecas y maleables se manifiestan en la vida de todos nosotros las personas sensibles. Vivimos demasiado pegados al libreto de actuación y no tenemos reparo en sonreír, dar un abrazo o llorar como niñas pequeñas ante cualquier evento acongojante y conmovedor.

Me gustaría muchas veces ser como aquellos que ni se inmutan ante las tragedias propias y extrañas. Me gustaría poder callar mis impulsos sentimentales con predisposiciones lógicas. Me gustaría ser de palo y no sentir tantas cosas que vulneran mis estados mentales y hacen gelatina mis más nobles sentimientos.

Envidio la proporcionalidad de aquellos que miden milimétricamente sus expresiones de afecto y no hacen como yo afanes en entregar todo sin reparar o escatimar en presupuestos. Me gustaría correr menos y caminar, pero hay un afán inherente que me obliga e impulsa a comerme la vida de un solo bocado y lo que traiga con ella como un hambriento etíope.

Mi necesidad apremiante y vital es vivir, querer y conocer. Así la paga sea mala o apueste todas mis pertenencias espirituales y físicas en una mala e indescifrable mano. Vivo así, no me dieron manuales de viaje, ni una carta de navegación en esta vida y me acomodo a las consecuencias positivas o negativas que tengan mis erradas o acertadas decisiones.Me arriesgo con gusto a vivir.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario