
Tachar de plano una vida posicionada en lo netamente esquivo es una veracidad que como cualquier elemento fugaz va encausada de manera inevitable al error. Buscamos las situaciones estables y netamente rígidas por el miedo a aventurarnos en el cuarto oscuro de la sorpresa y la novedad. Desarrollamos esquemas ridículamente cercados que nos imponemos con total y mecánico agrado. Suprimimos el ánimo de un nuevo amor u opción, por el simple hecho de habernos raspado las rodillas en el pasado, cuando nos caímos en el carrusel de los sentimientos. Nos volvemos tan esquivos a la casualidad y el riesgo, solo por el escepticismo y el miedo al dolor, a la perdida, generando una conciencia del poco riesgo que nos robotiza la vida.
No quiero ser así, quiero hablar con extraños, caer una y mil veces son buscar nada (porque el que nada busca, mucho encuentra), quiero conocer gente, probar nuevos sabores y deleitarme del siempre pedagógico, ensayo y error. Quiero vivir y para eso se necesita arriesgar, de lo contrario solo seria un conjunto de acciones físicas metidas en un armazón de huesos y carne, esperando a que un día el poco corazón deje de latir.
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