
La existencia es una serie de cosas ilógicas y poco practicas que solo hasta el día de nuestras muertes vamos digiriendo de forma serena y menos nociva como radicalmente se engulle en nuestros días de juventud. Intentar descifrar este vacio voluble en el que se convierten nuestros pasos es una labor que irremediablemente nos lleva en algunos episodios a la agonía del cansancio existencial y a la desazón vital.
Creo que es una generalidad pensar que en nuestras propias manos están las respuestas de todos los paradigmas e interrogantes que formula el solo hecho de levantarse de la cama y vivir o intentar hacerlo. La vida con su paso nos enseña que la vida no es como lo pensábamos cuando éramos niños y que necesariamente debemos aprender esto queramos o no para poder hacerle frente a un escenario cruel y despiadado que en el mundo mayor observamos, todo en una conexión que delimita una coraza llamada madurez.
Hace unos días me senté a examinar que seria de mi vida y creo que cuento la numeración regresiva por este nuevo periodo que llegara. No se si Andrés Caicedo habrá tenido razón con el epilogo de su obra, pero estoy seguro que algo de su frase: “vivir después de los 25 años es una insensatez”, tiene un marco de veracidad y certeza más que amplio. Veo con detenimiento que después de esta edad la vida se reduce a capitalizar como dementes para demostrarle al mundo que no somos tan vacios porque tenemos cosas en la casa o números en los bancos. Tenaz.
No quiero ser un hippie que se la pase de pueblo en pueblo mandando por un aventón de carro desconocido, pero también me abruma la idea de que ser maduro es simplemente el hecho de convertirme en una maquina mas que sea rentable y económicamente solvente. No quiero dejar que la voluntad demarque miss días y no una compañía industrial limite lo que pueda o no pensar. No lo necesito ni me interesa.
Quiero pasearme por las playas de mis confusiones sin sentirme inútil solo porque los demás lo dicen. Quienes son los demás?. Acaso personas felices a las que la acumulación de capital les llenaron de sonrisas los rostros?. No lo creo, o por lo menos me cuesta creerlo. Madurar en el sentido estricto de la palabra no puede concebirse como tener, sino plenamente como ser. Ser alguien que paso por este sendero pasajero e hizo algo por mejorar los ordenes que establecen que hay que ser un tirano para ser el mejor. Mi pregunta es: eso es ser el mejor?. Para mi no , ni lo será. Prefiero no madurar a convertirme en un instrumento mas de una maquina que aniquila los días y las ilusiones de los demás, prefiero que me tilden de inmaduro a alienarme con los demás robots que ha convertido esta sociedad de consumo.
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