
Siete son los días de la semana, siete son los colores del arcoíris, siete los pecados capitales, siete las maravillas del mundo y siete los enanos del cuento de los hermanos Grimm . Este es un relato que como punto de referente toma mis días de una semana cualquiera, de un mes cualquiera y de una vida (como la mía), cualquiera,…
Domingo (dormilón)
Como todos, demasiado caluroso en la mañana, roto por las tardes y largo en las noches. Los restaurantes repletos de familias sonrientes, felices (o por lo menos eso parecen),mercado de pulgas, eucaristía, golpes de pecho, besos a la abuelita, domicilios colapsados (los del arroz chino deben hacer fortunas), lecturas atemporales, sección tres del diario el tiempo, películas flojas en los canales nacionales y mil aun mas flojas en los internacionales, babuchas de oso cafés, y si hay compañía, besos, palabras, cucharita, mas besos, menos palabras, mas caricias, menos palabras, mas acción.
Lunes (gruñón)
Cortinas de humo, amanecer, oscuridad, luz, mil diligencias, compromisos, objetivos, trabajos, citas, cigarrillo, noticias, el resumen de los goles de la jornada anterior, nostalgia , pereza, suicidios (el lunes es el día en el que mas gente se auto impone sogas, pastas, venenos, balazos y demás medios vinculantes para dormir con los angelitos),frio, cansancio, palabrota.
Martes (estornudo)
Como los martes son un vástago del lunes, se promedia lo mismo solo que la ventaja que no lo hace el gruñón de este esquema que asocio a los siete enanos de la cabaña, es que el cine es mas barato, en cubiko )un bar de cocteles de la “T”), hay dos por uno en los martinis y empiezan a disiparse las cuadriculadas y herméticas diligencias.
Miércoles (doc)
El miércoles es como Ecuador. Esta en el centro de todo pero allí no hay nada interesante para ver ni hacer. Es un día de copias, libros, cafés y si la postiza sobriedad se descuida, de aguardiente en el paradero (refugio esporádico del autor), u otro recóndito lugar de gente plástica, botellas de colores y risas en su mayoría postizas.
Jueves (tontín)
Es el preámbulo de lo oscuro y banal. Un compendio intermedio, algo así como el bosque de Dante Alighieri antes de dirigirse a las puertas del infierno bajo la guía de Virgilio. Las mejores fiestas son este día, un pecaminoso lapso de veinticuatro horas que esta lleno de música, voces entre cortadas, bailes, comida chatarra y salidas a jugar a los vaqueros al son de tequilas y música mexicana.
Viernes (feliz)
Este día es como estar recién salido de una charla técnica de la “brujita” Verón en la previa de la final de la intercontinental de clubes. Amaneces alegre y llueve, truene , relampaguee, o haya un tsunami (paso hace unos días, no es mi intención ser irónico ante tan lamentable tragedia), la gente sale, besa, bebe, toma, ama, odia, y dice jocosas incoherencias (del tipo: “usted es como mi hermano, o, ”usted es mi mejor amigo”).
Sábado (tímido)
Es como el primer grupo de rescate que llega con sus perros olfateadores y demás utensilios, una hora después de diluvio universal. Hay sed, hambre, sueño y una ineludible jaqueca. Es el día en el que mas escribo y debe ser que me confina a estar en mi casa, los trancones (el sábado es el día en el que, hasta las empleadas del servicio sacan el carro, como si estuviéramos en el paraíso de la movilidad…), los restaurantes llenos, los centros comerciales, abarrotados de gente comprando cosas que en dos meses desechara, mis acciones vacías, la resaca álgida y prominente, los transeúntes multiplicados por cien y la cama mas acogedora que nunca…
Es solo una semana que paso, no quiero que se piense que todas son así. A veces tengo unas tan tristes como un lunes de final de mes, bajo la lluvia inclemente y sin un peso en el bolsillo. Y otras son como todos los viernes que he vivido y bebido. Eso si, debo aclarar que el 80% de mis semanas son como los miércoles anteriormente relatados, impredecibles y llenos de sorpresas. Buenas, malas, regulares, pero al fin y al cabo inquietantes sorpresas…