
Cuentas con cinco palabras consecutivas para ser un poco caballero en una situación que ni siquiera lo amerita. Labras una o dos caricias sobre una piel llena de cicatrices imperceptibles al ojo y tacto de los demás, pero evidente para tu dermis cutánea y tu inquisidora mirada. Exploras caminos donde otros instauran y edifican sueños, anhelos y proyectos de vida.
No es una cuestión de método. Es simplemente la ingesta de lujuria que conlleva cualquier infidelidad y de la cual, tu eres el motor base de un engranaje aceitado por las mentiras, los engaños y las falsedades propias de una relación fugaz, que se sustenta de estos arquetipos, para en sabanas extrañas exclamar gemidos anacrónicos, palabras obscenas y posturas inusitadas...
Por la regadera finalmente baja el agua que se lleva los sudores propios y extraños que hacen ronda en torno a tu desnudes y con los valores autoimpuestos terminan parando a las cañerías fétidas de esta ciudad. Es fácil sucumbir ante la tentación y romperle el alma a terceros cuando hay una cara bonita, senos y nalgas firmes, una composición física esplendida y uno o dos temas para tratar. Puede resultar un placer equivoco el hecho de ufanarte de la aparente sagacidad y suerte que en el momento contemplas, pero el equilibrio natural algún día hace presencia y entra el temor por el momento venidero , en que el karma respectivo te tumbe la puerta, te patee los cojones y te escupa la cara.
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