
Se empieza a extinguir un ciclo de experiencias, oportunidades y enseñanzas donde te arriesgas a hacer un balance y con nostalgia vez como se cierra el ultimo sendero de libertad personal definitivamente o por lo menos en una medida considerable.
Se acabaron las despertadas de medio día, la manutención económica, la holgazanería, el ocio en el sentido más estricto. Ya se irán al baúl de los recuerdos mas atesorados, las copias, los viernes en pescaito, momentos o cualquier cuchitril, las cervezas a las doce del día entre semana, las charlas ilustrativas cargadas de volúmenes elevados de risas, las copias en los parciales, los trabajos en grupo (donde uno no hace nada y lo anotan), el doctor torres y su arrogancia intelectual, nuestra siempre eterna abuelita académica Elcidia Roa. El “avidooooo” o “al limiteeeee”, del doctor Marcelo, los torneos de futbol, las carpas verdes y sus torneos de póker.
La gallera, los turnos de consultorio que quedan en la miércoles, la gente que cayo bien, la gente que cayo mal, los dos o tres amigos que se hicieron en la universidad, las risas, los cuentos, los chascos, las liquidaciones, las excusas compradas, los fríos de la mañana, los carros, los tours por la 38 o 68…
Las novias, los descaches, las tragas, los despechos, los insultos, temildita (que siempre lo saca de apuros a uno), donde la mami (tristemente ahora un café internet), santa Kavala, hers, el señor que vende dulces en la esquina de la 53 con rojas, que compre uno lo que compre siempre le regala una morita. La señora que vende dulces en la portería de la universidad, la cafetería, su déficit de surtido y elevados precios. La facultad, los créditos, las materias, los cursos, ojos de lince de criminología y en fin de cuentas una acumulación de personas, enseñanzas y vivencias que se condensaran en el pensamiento y se tatuara en el recuerdo de las cosas bonitas que dejo este largo paso, no sin antes meterlos en un baúl para que el día que se encuentre con la piel ajada y con arrugas, recordemos que en un momento inesperado, la vida de mil soplos nos daba de a poquitos las bases de nuestra felicidad…
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