
Fomentas dos o tres palabras vacías que se van dilatando como una tira de látex al calor del desierto, por el viento insaboro de las medidas que cuantifican el tiempo y de repente sobresale una realidad anexa que por motivos presenciales debes sobrevalorar. Muchas veces somos consientes de las cosas que se movilizan a nuestro alrededor y en un libre albedrio, consolidamos nuestra razón y voluntad en los actos que secundan y brotan en nuestras vidas. Tomamos decisiones desde, que sabor de jugo beberemos, hasta que carrera tomaremos para enfocar la vida académica, para de allí formular hacia un campo de acción determinado, nuestros talentos y visos de lucidez.
Pero también hay una serie de circunstancias, en su mayoría cotidianas que nos inculca e impone a utilizar de manera inconsciente, un piloto automático que esta impulsado y sostenido por la repetición consecutiva de ciertos hábitos, buenos y malos, que sin siquiera pensar o meditar en la respectiva reflexión ejecutamos.
Cepillarse los dientes, asistir a clases, levantarse temprano, tomar el bus, pagar el pasaje, saludar, hacer ciertos gestos, hablar de determinada manera, comer especificas cosas a ciertas horas, decir siempre lo mismo… abordar los mismos núcleos sociales, usar siempre determinadas rutas, ir a los mismos bares cada ocho días, pedir lo mismo siempre, liquidar las horas leyendo ciertas recurrentes líneas literarias, involucrarse sentimentalmente con cierto tipo de personas con un patrón casi especifico, y así llevar las circunstancias y momentos con una parsimoniosa dinámica inamovible que genera que el poder de decisión que da pie a nuestra razón y sostiene la columna vertebral de las funciones autónomas de las cuales nos deberíamos fiar un poco mas.
Tener disciplina no esta mal. En ningún momento digo que llevar ciertos parámetros de vida no sea apropiado. Pero me aterra que a veces hago cosas, solo por hacerlas, en una monotonía incorruptible que me devora la espontaneidad y me hace sentir como el pasajero de un tren que esta en movimiento pero que el motor no es el sino su espacio externo. Es como si fuera un espectador más de una obra que esta en primera persona todo el tiempo y que ineludiblemente tengo que apreciar desde mi perspectiva a veces poco activa…
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