jueves, 10 de marzo de 2011

LA RADIOGRAFIA DEL AMOR



Cuando las fuerzas vitales que están alojadas en el centro energético del alma se ven diezmadas por miles de embates que en un segundo se condensan, es cuando desde el fango impúdico de la duda y la desazón, ves como los castillos de arena que has creado durante cierto tiempo, los destroza el viento reacio de los acontecimientos propiciados por ti o por aquel manojo de nervios que tus ansias han amado.
Colapsar es tan fácil como enamorarse de un conjunto de falencias que sumadas a las tuyas, dan como resultado algo intangible que social y personalmente denominas amor. De un momento a otro pasas de estar en el sano y perjudicial culto de la soledad a definir tus estados de ánimo a partir de una compañía constante, en una relación reciproca donde aprendes lo bueno, lo malo y lo feo de los procesos biológicos que con la ayuda de su anexa mente e imaginación crean los humanos.
Te envuelves en una relación interpersonal en la que ese otro ser anexo a ti pasa a ser la esencia de tus actos y desde esa perspectiva imaginas un mundo para dos, en el cual las fuentes de felicidad son inagotables y los caminos están acolchados por nubes de algodón que has inventado para suplir con una ilusión la furia y el autismo latente de la realidad.
Pasa el tiempo y sin preámbulos mutuos, de ser una persona con planteamientos independientes a ser el conglomerado de una dependencia emocional (y en ocasiones física, sexual), en la cual tus actos y estados de animo son en gran proporción delineados por las acciones u omisiones del sujeto en cuestión.
Seguido de eso llegan las reafirmaciones de tipo familiar, que unen lazos fuertes que pretenden afianzar la relación en si, pero que en ocasiones lo que hacen es colapsar las buenas intensiones y las tediosas buenas costumbres postizas.
En la parte razonal que inevitablemente llega, se evalúan los pros y los contras de la relación celestial y salen a relucir los demonios de los celos, las envidias, los insultos, las faltas, las infidelidades, los vacios, el déficit de detalles y finalmente el más tenebroso de todos, el tedio.
El tedio es simplemente el resultado de la masificación de las conductas símiles que dan como resultado una tonelada de aburrimiento y rutina que ni el mas grande amor puede sublevar y que es mas dañino que una despedida de soltero en la piscina o una de soltera en Italia…
Como la costumbre es fuente inobjetable de la muerte lenta de amor, llegan las discusiones, los reclamos, los sinsabores, intentos de suicidio, llamadas a las tres de la mañana en estado de embriaguez, el aumento del servicio de mariachis (en este punto los mariachis harían una acción de gracias por reactivar su escasa economía), y demás intentos de reanimación de un muerto son signos vitales llamado amor.
A esto lo secunda el odio, la obsesión, el fastidio y demás síntomas post enamoramiento, que permiten ver como el más desagradable de los bichos a aquella persona que en la desnudez de los cuerpos y de los sentimientos, se prometió amar hasta el cansancio, hasta que se fundan las funciones cardiacas o hasta que los pulmones se estallen. Finalmente llega el silencio. Y como un bálsamo, ayuda a aliviar el dolor de haberle apostado a un imposible, y desde la pobreza espiritual, se recogen los pedazos de dignidad y amor propio que quedan en las ruinas de lo que una vez fuiste y que servirán para formar las bases de lo que mas adelante serás.
Un silencio reparador que hará un punto de cohesión entre lo que soñaste y lo que realmente eres, hasta el día que conoces a otra persona que cautive tu atención y el circulo vicioso vuelve a hacer la rotación pertinente en la que pasaras una y otra vez las mismas fases, hasta que la lección por fin llegue a tu coeficiente (aproximo yo que llegara a los 78 o 79 años depende de la astucia mental del personaje), momento tardío donde tus preocupaciones estarán divididas entre , las dolencias físicas, cuidar nietos, tener un perro tan viejo como ti, ajustar un pañal para la incontinencia y visualizar tu cercana muerte…

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