
Algunas veces hay tardes de lluvia, de floreros vacios, de pitos incesantes de los carros en ambientes trastornados de polución insana y verdades que se proliferan en el aire y que a su paso, se llevan a otro mundo los sueños que solo duran un segundo. Esos sueños que entre caminatas por la “T”, encuentros vespertinos en Normandía, la “Noche de los lápices” en un sábado cualquiera y cajitas felices de Mc Donald’s construimos. Tengo mil cosas para agradecerte y en realidad no tengo, ni se por donde empezar. Creo que se confirma una vez mas eso de que soy malo para las cosas metódicas y que los esquemas prefabricados a veces no se amoldan a mi, ni a mi metamórfica manera de pensar.
Como te digo, son mil cosas por agradecerte y tal ves se me queden demasiadas en el tintero de los pensamientos leves, lo sentimientos arraigados y las cartas de amor que se escriben en hojas de cuaderno. Soy consiente que no he sido el zar de la consecuencia, la constancia, la dulzura, la sinceridad o la ternura. Solo se que siempre he intentado ser lo mas respetuoso, afectuoso y honesto contigo y tus sentimientos. Solo se que te encontré un día cuando estaba un poco extraviado y que nunca coincidí con todo lo que me dabas, lo que sentías y lo que me profesabas. Solo se eso. Solo se que no quiero que esto se convierta en una larga lista de desagravios o parte de un arrepentimiento del cual no me creo, ni considero el protagonista.
Desde que te vi y te CONOCI ( hago hincapié en conocerte, saber lo espectacular que eres), supe que seria algo así como un bálsamo para tantas cosas que han pasado por el repertorio de mis sentimientos y que llevas en la piel la transparencia que brota de tus palabras y en tus ojos la sinceridad que alberga tu alma. Quiero que sepas que haces parte de mi vida, mis pensamientos y mis cosas y que las muchas veces que me he odiado dentro de esta trinchera que cree para estar tranquilo y con la cual me aleje de todo ha sido por no haber dicho ni la mitad de lo que ahora te estoy diciendo.
Creo que he llegado a esa época en la cual la levedad del ser en mi vida es casi utópica y en la que las cosas vividas se rememoran una y otra vez, haciéndome ver los años y su precocidad inherente a mi existencia. Creo que esos recuerdos me instan a indagar en lo correcto, lo acertado y lo mil veces errado, y de ahí derivar en que tal vez fuiste lo mas importante que tuve, pero que por cuestiones distractoras, estúpidas, cobardes y de ceguera, no vi.
Te agradezco por cada lagrima, cada risa, cada palabra de apoyo en momentos clave, cada libro de Germán Castro Caicedo (te lo dije un día: no se sabe quien es mas idiota, el que presta libros, o el que los devuelve), cada chiste con dosis considerables de ironía y las esperas pacientes de tu parte. Te doy gracias por tu inigualable sencillez, tu desbordante ternura y tu increíble, increíble, increíble transparencia. Te doy gracias por cada consejo, cada oración, cada te quiero y cada te amo. Gracias por haber adornado el paisaje de mis días más difíciles y haber llenado de reflexiones los mas felices.
Ahora llega el momento de despedirme. De decirte lo muy bien que la pase y lo mucho que aprendí de ti y que aun cuando soy consiente de lo malo que soy para las despedidas (ni siquiera fui capaz de ir al aeropuerto), y lo mucho que me cuesta desprenderme de las personas y de los sentimientos que derivan, quiero desearte la mayor de las suertes, los mejores paisajes, las mas sinceras personas y de nuevo mis incontables agradecimientos por cada día, cada hora, cada segundo y cada momento a tu lado. Y que aun cuando miles de kilómetros físicos nos separan, jamás dudes que las cosas pasan por algo y que el tibio roce de tu rostro y tus labios rojos aun están acá, conmigo, contigo, como tenga que ser…


