viernes, 28 de septiembre de 2012

KNOCKOUT








Los golpes entran como estocadas sobre mi piel de toro mal herido, que busca con bruscos y torpes movimientos, mitigar las embestidas del inminente y brutal final. La defensa arqueada de mi cuerpo, no puede con el avance fulminante de los ganchos certeros y los rectos de derecha, que van punzando como un picahielos sobre plastilina, mi ceja izquierda. Una nube de sangre se agolpa en mi mirada, mientras el verdugo se mueve frente a mí en zigzag en el ring y la multitud a mí alrededor, grita de emoción ante la orgia de violencia y morbo que se esparce y distribuye en esta pelea. Es una danza épica, de gladiadores con narices chatas y cejas protuberantes. De gladiadores que se parten el alma y calan golpes hasta perder el sentido.






 Al fin escucho que suena la campana del noveno round y voy en seguida a buscar el alivio de sesenta segundos que me da el banquillo, mientras mi entrenador amenaza con tirar la toalla, para parar la masacre sin sentido. Intenta infructuosamente razonar conmigo, mientras me voy perdiendo en divagaciones y muy lejos de mí, siento las manoteadas y los reclamos que me hace en la cara. Balbuceo un par de frases, en las cuales le explico que es mi última pelea, mi último chance, mi último boleto a la gloria y que de esto prefiero salir muerto, antes que rendirme bajo el amparo del pañuelo blanco, que ondean los miserables para no luchar más, para rendirse, para ser uno más de esos mortales que viven vidas aburridas y van ocho horas a mendigar en un cubículo de cuatro metros por cuatro.




 Suena la campana y escucho la multitud sedienta de barbarie. Aprieto mis puños y me lleno de coraje, de susto, de miedo latente y de rabia hacia mi oponente. Aprieto las manos, pero el cuerpo me falla, pierdo el aire y le doy paso al mismo guion que se repite y me castiga con rectos de izquierda, ganchos lacerantes y golpes al hígado, que se alternan, en una tortura inquisidora que me va menguando el alma, las fuerzas y eso de lo que están hechos los grandes luchadores. Las cuerdas me aprietan la espalda, me siento como esos héroes en el precipicio del hades, que contienen la fuerza de mil espartanos y veo como mis piernas se van debilitando sobre la inclemente y cada vez más próxima lona. Mi cuerpo flaquea ante el peso inequívoco de mi derrota, mientras lo que llamo mundo, se derriba a mi lado, entre los flashes de las cámaras fotográficas, las risas vacías de los apostadores y las luces incandescentes del improvisado coliseo. Caigo, y la vida se me va en cada número que escucho vociferar al referee. Mientras en la cuenta progresiva, se va plasmando en cifras mi descenso a los infiernos, después de las glorias de juventud, que se fueron por el aire y se dilapidaron en malas decisiones.




 1!!!. Veo a mi contendor riendo.


 2!!!. El entrenador de mi adversario frunce el ceño.


 3!!!. Mi entrenador corre con cara de espanto hacia mi humanidad maltrecha.


 4!!!. Diegooooo, estas bien Diego?, te lo dije, te lo dije maldita sea!


 5!!!. Los gritos cada vez más lejanos de la multitud llena de euforia.


 6!!!. Escucho al juez gritar algo como: “paramédicos, paramédicos por favor!” ..........................




 Ya no hay más ruido, no hay más emoción, no hay más conteo. Solo queda mi inerte despojo sobre la lona, mientras un paramédico intenta con ráfagas de electrochoques hacer que mi pecho se reanime, sin saber que mi conteo ya llego al final hace mucho. Mucho antes que empezara esta pelea, en este bar de mala muerte, en este laberinto de pugilistas fracasados. El final de mi carrera descendente al infierno que aparte con fondos que ahorraron mis decadencias, mis noches de vodka y mis días sin suerte…


 5!!!



 4!!!


 3!!!


 2!!!



 1!!!





 ...................Eternidad.

lunes, 17 de septiembre de 2012

LA GENERACIÓN EMPALME


Sacando conclusiones ligeras y solidas sobre el momento histórico que me toco vivir en una existencia concebida en los ochentas de cabellos largos, rock & roll, el auge bestial de la cocaína, los Guns & Roses y la guerra fría que calentaba con cada noticia, las mentes de algunos tiranos en el mundo. Unos noventas llenos de “Penso Positivo” de Lorenzo jovannoti, Tamagotchis, labores escolares, libros tortuosos de García Márquez y el nirvana que producía el grunge de Kurt Cobain y otros sonidos que invadieron mi cabeza llena de navidades llenas de pólvora, fiesta en la calle y esa cofradía maravillosa que entre bicicletas, ciclovia, películas en Beta atesoro entre mis amores mas íntimos y de la cual aun conservo algunos rostros, entre ellos la amistad de Alejandro Suarez, un loco mas, de los muchos locos con los que crecí.





Una infancia llena de supernintendo, “yermis”, ponchados, “juete quemado”, escondidas de diversas nacionalidades y naturalezas, y rodillas raspadas. De domingos sin resaca y de pizza los sábados al lado de la cancha de futbol del conjunto. Una infancia todopoderosa por los dones ilimitados de la emulsión Scott, que con su hígado de bacalao, nos protegía de cualquier calamidad parasitaria y/o bacterial. Una generación que emergió de cosas lindas, que solo se pueden vivir en la inmediatez de las nostalgias y que ahora extraño de forma absoluta, al darme cuenta de que soy uno mas de los que fuimos elegidos para ser algo que denominare “la generación empalme”.





Esa generación que viene de los días en los que la memoria y las vivencias compartidas y no una nota en la parte superior derecha de la pantalla del computador, nos recordaba que un amigo del alma estaba cumpliendo años y que por ello debíamos ir a su casa y abrazarlo. N como ahora que con un insulso “feliz cumple!” en el wall basta. Esa que para dar un beso no tenía que publicarlo o que para escribir algo sincero, debía mandarlo vía inbox. Esa generación que viene de un mundo mas ameno y fácil y que ahora se ve agobiada en el inmenso y turbio mar, que nos concede la tecnología y la funesta caracterización de convivencia que promocionan las redes sociales y su individualización masificada. Un mundo actual que nos desborda de información y redes algorítmicas que nos permiten tener miles de contactos, pero que no nos ofrecen compañía alguna, dejándonos aun mas solos y perdidos dentro de un mundo cada vez mas difuso y extraño.






Una generación como la mía que no entiende como aun habiendo terminando una carrera profesional, se persista en esa desazón e inestabilidad económica que ahora sucumbe a los que estamos cruzando la mitad de los veinte y que desesperados buscamos lineales de éxito a costa de todo, aun a costa de nuestros sueños. Somos de esa generación que empalmo con grandes acontecimientos, pero que nos quedamos añorando un pasado bonito y enfrentando un futuro siniestro llenos de cambios climáticos, guerras por petróleo, globalización lacerante y un capitalismo que poco a poco nos va carcomiendo las llagas y nos va automatizando, en un modelo de esclavismo moderno sin grilletes, ni látigos, pero si con módulos de oficina, vidas alienadas y empleos mal pagos.




Un infierno que retrato días como hoy, de lunes gris, café amargo y preguntas y mas preguntas. Un efecto bilateral mas del cambio climático y la ingesta excesiva del alcohol, supongo, aun cuando el tema de discusión con mis contemporáneos es siempre el mismo. Pero igual y como dice el adagio popular: 2Mal de muchos consuelo de tontos"...

viernes, 14 de septiembre de 2012

ESPEJISMOS EXISTENCIALES





(Foto por: Diego Castro)

(Música de Edith Piaf y su canción " Non, Je Ne Regrette Rien")



Toda la realidad se observa desde un punto de vista externo a veces, que en momentos de claridad y lucidez, pueden conducir a la embriaguez que acarrea el ser conscientes, de que el constante flujo de axiomas de lo que denominamos realidad, no son más que espejismos a los cuales les damos juicios de valor y categorizamos en determinados nombres, lugares, importancia jerárquica o poder piramidal.






Llamamos: mi casa, mi novia, mi madre, mi ciudad, mi patria o hasta mi vida a un conjunto de algoritmos que no nos pertenecen y que solo forman parte del compendio de sombras que conforman la penumbra caracterizada por nuestros sentidos. Una macabra concepción de propiedad que poco a poco la vida nos va diezmando, cuando nos quita de un momento a otro lo que hemos trabajado por años, nos restringe con lo que hemos soñado o se nos lleva a los que más hemos querido.






Esta noción de propiedad es parta mi la piedra angular de todos los conflictos existenciales del ser humano y detonante inherente de guerras, hambrunas, violencia, ultrajes, capitalismo salvaje, religiones y demás lastres que trae la larga y desoladora historia del paso de la estirpe humana sobre este lánguido mundo.





Nada ni nadie pertenece a nada. No somos una obra perfecta, ni llegaremos a serlo. Somos solo un punto más en el plano cartesiano de la creación. Un conjunto de átomos que instauran improperios, crean bombas nucleares, envían niños a la guerra y que se ufana y sustenta la crueldad, sobre pilas de papeles de colores más conocidos como billetes. Papeles que doblegan conciencias, esclavizan y alienan por 48 horas semanales a millones de seres autómatas y que crea la insulsa y utópica convicción de que somos todopoderosos e inmortales.






Desde la percepción del capital vamos por el mundo siguiéndonos por el último grito de la moda (la moda grita?), el último modelo de auto, el sector más exclusivo, el reality más precario y popular o cualquier descuento o muestra gratis de supermercado. Vamos estableciendo espejismos sobre un obvio ciclo que algún día terminara y que solo nos hace ahondar en el gran vacío que el ego demarca sobre nuestras pobres y caducas existencias.






Escribo esto no por querer reincidir en un punto que me agobia constantemente como lo es la muerte y lo superfluo que es nuestro paso por este valle de lágrimas, sonrisas y galletas de sal. No. Solo lo hago con el ánimo de reflexionar en un mundo viciado por la estupidez (esa que también caracteriza mi vida a veces), la inercia mental y la poco y cada vez más escasa conciencia de que somos tal vez uno de esos recuerdos que algún día se perderán en el viento, como se pierde un grano de arena en una inmensa playa.





Eso somos. Una bomba de tiempo con diferentes cuentas regresivas que en cualquier momento estallaran, dejando tan solo un: “tan buena persona que era”, un suspiro, un llanto, una anécdota, un legado, un hijo y así hasta que solo formemos parte de un pasado amorfo lleno de rumores, mitos e historias que nos devolverá esa naturaleza que tanto nos empeñamos a negar. Ese olvido que tanto nos negamos a aceptar…

lunes, 10 de septiembre de 2012

JULIANA








Por parajes desolados transitan las ansias de Juliana, mientras las cargas de la vida se hacen cada vez mas insoportables y se aploman cada día mas, las inclemencias de una vida sin bitácora y sin rumbo fijo. Deambula entre hordas de maniquí es, humo de cigarrillo, empleos mal pagos y una familia disfuncional que le desgasta y espanta, el mediano placer de tener un sueño decente. Un sueño de esos que fabrican en masa los programas infantiles, o esos que se trazan desde pequeños, los que anhelan desde chicos ser bomberos, policías, terroristas árabes, o simples y vulgares políticos.






Camina y baila en medio de luces acarameladas que se instan a mover su humanidad, mientras los ritmos suntuosos de los tambores, van dándole versos de percusión a los poemas maltrechos de los que habitan el inframundo de los prostíbulos de la famélica athenas sudamericana. Prende un cigarrillo y en cada bocanada, ve como el rojo escarlata del pucho se va poniendo a tono con los bombillos rojos que con intermitencia, van dándole ambientación al laberinto de soledades, almas estriadas y alcholicos derrumbados que sostienen su existencia por medio de un grillete liquido que cada vez los va hundiendo mas.







Juliana tira la colilla y bebe un vaso de ron hasta el fondo, para reponerse al instante de una noche de sábado cargada de cinco hombres, que sedientos de su cuerpo han pagado, una cifra considerable y que ahora yacen babeantes al lado de una improvisada pasarela, donde “erika”, otra prostituta del lugar, hace su coreografia, llena de sensualidad desabrida y poses vulgares, que incitan a seres aun mas vulgares, a dejar billetes de baja denominación en sus calzones y el resto del contenido de sus billeteras en la cuenta del bar o en retribución por una precoz eyaculación.






Mientras estas divagaciones van aflorando, el contenido del vaso baja por su garganta , y como bálsamo reconfortante, le van dando matices mas amenos, que llenan de color su palida piel. Observa el contorno lleno de meseros de sonrisa impuesta y clientes con las pupilas dilatadas por el festín de la carne y la lujuria, que se imparte a diestra y siniestra en el lugar. Llega por fin otro cliente. El mismo dialogo, las mismas risas patéticas, los mismos guiños, los mismos regateos y en fin, la misma mecanización del marketing sexual de cada noche.






Se paga lo acordado, suben al segundo nivel donde los espera un hombre de mirada extraviada por la cocaína, que les da los anticonceptivos. Caminan por el pasillo lleno de puertas a lado y lado y por fin entran a el pequeño cuarto, que, provisto de una cama mil veces ajetreada por las embestidas de la lujuria instantánea los insta a despojarse de la ropa. Juliana mira boca arriba el espejo gigante del techo, mientras el sujeto de tal vez unos cuarenta años enviste su humanidad. Mientras ella se va difuminando por senderos en los que es una buena mujer, que espera a su esposo y sus hijos, con galletas recién horneadas de una receta que tal vez vio en un matiné de programa culinario. mientras cree que la vida no la ha hecho declinar las ganas de ser algo mas que un cuerpo que recepciona sujetos con discrepancias sexuales, vidas de doble cara y miles de complejos banales.





Dolor.

martes, 4 de septiembre de 2012

REFLEXIONES DE OFICINA












(Música del grupo español Jarabe de Palo y su canción Romeo y Julieta.)








Son muchas las veces que optamos por vivir en un mundo de fantasía, que inventamos en esos días donde la diligente soledad, con sus malos e inoportunos consejos nos hace errar y nos lanza al vacio, por despeñaderos rocosos. Inventamos mundos insostenibles en la individualidad y creemos que lo mejor es citarse con alguien y poner en practica los mensajes de esquela noventera, los diálogos de novela mexicana o el guion de una comedia romántica gringa.




Así es como permitimos que un ser ajeno a nosotros en medio de cafés, música bohemia, parranda vallenata, comidas exóticas, baladas suaves, tequilas baratos, detalles repentinos, rosas rojas, y demás, se empalme a nuestra cotidianidad con la intensión parasitaria, de instalarse en la materia gris de nuestro corazón, que impulsa las arterias del alma.





De ahí nos enamoramos y pasamos a ser parte de una comunión bipartita, sobre la cual fundamentamos nuestros sábados, domingos, economía y sentimientos. Labramos un binomio lleno de anaqueles agradables y peleas desgastantes, que pronto se convierten en una cotidianidad progresiva, que se nos va calando con cada día, cada tramo, cada beso, cada experiencia y que va dando forma a un sentimiento tan intangible y diverso como lo es el amor.





Seria impertinente de mi parte, hablar del después de ese producto perecedero llamado amor. Ya que por su misma naturaleza e inestabilidad, se deben respetar sus variables, que en determinados casos generan estabilidad o el caos total de la vida del que lo asuma. El amor tiene tantas definiciones como personas que se atreven a definirlo y hacer dogmas no es propiamente lo mío. Carezco de autoridad moral en este tema y creo que más de una teoría propia, se ha ido cayendo en el fondo de la papelera. Ojala las cosas fluyan, ojala al final no duela tanto…