lunes, 23 de enero de 2012

LA CASA DE LAS PRINCESAS


Campos equiláteros se mueven entre las neuronas, formando aureolas de colores imposibles y sin explicación, hermosas. Pantanos en medio de sepias con tonalidades saturadas, se secundan entre arcoíris mágicos habitados de duendes verde esperanza. Limites que se van hacia desiertos conceptuales que entre higos secos se difuminan con la majestuosidad de un espectáculo pirotécnico de fin de año que entre luces de mil colores, busca difuminar los días pasados. Los malos y buenos recuerdos y una que otra lagrima.



Luces que entre estallidos, ojos expectantes, un poco de humo toxico, un poco de zozobra, un poco de esperanza y un poco de sombras de elefantes morados en el pergamino del pavimento. Hay risas y jocosidad en todo esto, hay magia en los callejones oscuros, hay niñas llorando porque su “Ken” las dejo por una Barbie mucho más interesante, con un mejor cuerpo o por un buen par de senos firmes.



Hay conversaciones de paquete, de comida recalentada, de comida china de un domingo desolado. hay sonrisas insípidas y carcajadas auténticas. Hay música, delirio y algodón de dulce de muchos colores que se entrelazan en los vestidos de las princesas que pronto entre baile y baile, sonrisa y sonrisa, beso y beso, terminaran gimiendo en la cama de algún desconocido.



Princesas intercaladas entre vestidos de colores satinados que brillan al son de las bolas de espejitos diminutos y que se camuflan hábilmente entre el humo de los fumadores indomables, pero que se hacen evidentes en los aires pulcros, tranquilos y confiables. Esos que comulgan amenamente con los árboles y que se toman la tarea de hacer un mundo menos cruel, menos hostil, menos visceral, con menos maquillaje corrido y más real.



Esas son las princesas de mis cuentos sin hadas. Princesas sin príncipes azules, sin vestidos largos, sin hadas madrinas, o castillos medievales. Princesas de carne y hueso que han estado ancladas por momentos en mi vida. Princesas capaces, volubles, enfermas, mentirosas, sinceras, amorosas, distantes, descaradas y olvidadas. Princesas reales, fugaces obnubiladas y llenas de luces. Princesas que se han quedado en otros cuentos que ahora no me incitan a retomar y por lo cual han sido olvidadas y solo presentes más allá de la frase: FIN.

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