
Lagrimas llenas de duelo se dilatan por la mejillas y haciendo honor a la rígida ley de gravedad, tocan el piso en un arrullo perceptible solo por las vueltas de la vida. el dolor se manifiesta en un sentido estrictamente liquido y hace que las pupilas se dilaten, como si en su expansión, anhelarán un poco mas de luz en la oscuridad de la penumbra, que con sutileza golpea las entrañas y juega a los dados con tu paciencia.
Llorar es tal vez la expresión mas sincera que nos referencia como seres que sentimos a pesar del vértigo de la vanidades y las ilusiones efímeras. Llorar nos hace mas humanos y nos demuestra que a pesar de la rigidez de la mente, aun conservamos la nobleza del corazón. Llorar es sacar por una fina gotera un poco del océano que llevamos por alma y que nos hace diferentes de las estáticas, parcas, pecho frio e indiferentes piedras.
Por eso lloro, porque siento. Porque a pesar del callo que rodea mi ser, aun hay un corazón que palpita y al que le duelen las cosas. El día que deje de sentir eso y me vuelva un ser alienado mas, sin alma ni corazón ese día apagare mi sistema mecanizado con un salto al vacio o una puñalada en el corazón (como los samuráis japoneses), lo juro.
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