
Las nubes hacen un empalme poco agradable en el cielo estrellado. Se meten en recipientes de plata pequeñas dosis de destierro propio, deseo y frenesí en tus neuronas que como itinerario tiene un número considerable de problemas y posibles errores matutinos. No es un buen dia, es mas bien el día en el que los múltiples patíbulos se hacen presentes en todas tus acciones y que como siempre hay que pasar el impase con la risa de payaso de circo en decadencia.
Si. Reír. Reír es la única forma de que la vida no te rompa la nariz por ser débil y fruncir el ceño al borde de lagrimas que empantanan los ojos y la imaginación. Reír es la única forma de hacerle un amague a la vida que se le fue a quien mas amabas, a quien mas admirabas, por quien dabas esta y la otra vida sin reparos ni presupuestos.
Reír para no colapsar y caer a la lona con el ojo morado de tanto mirar un presente sombrío y lleno de dudas. Reír abruptamente para disfrazar las debilidades y falencias que se te pegaron como parásitos que te carcomen desde hace el tiempo en el que le abriste los ojos a la vida. Reír para no romperse la cabeza con los embates de la memoria, reír como el payaso que en su decadencia perdió la gracia, las ilusiones y hasta la nariz…
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