
El tiempo pasa y con el van lavándose las cicatrices de corridas pasadas que en algún momento un cuerno feroz labro en la piel. El bálsamo de las horas, los días y los meses han hecho una saludable curación y se puede gozar de una libertad cutánea que enorgullece al que con sus manos palpa la tranquilidad de la superficie lisa.
Ya pasaron los días de sombra y poca fe. A un lado se dejan las eternidades sin luz y llenas de interrogantes. Por fin se fueron las nubes que eclipsaban el día y ennegrecían las pocas buenas intenciones. Ahora no nos aferra nada, y eso es importante. Tal vez lo único que puede conectarnos es este orgullo que me auto impulsa para no mirarte, pero que en noches sin luna, hace que trastabille como un cojo en una sala de obstáculos en una penumbra atorrante.
El orgullo nos une a veces, pero dudo que algún día nos ponga en el mismo camino. La alborada rompe con una luz tenue que se impone a pesar de la niebla, a pesar del humo de los cigarrillos y a pesar de ti, a pesar de tu recuerdo y de la dulce y leve sonrisa que aflora de mi rostro porque ya no estas, te has ido para siempre y eso me hace inmensamente feliz.
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