miércoles, 11 de mayo de 2011

EL CLOSET


Un día como cualquier otro entro un vestido morado al closet de valentina. El closet apenas vio el vestido morado que su dueña había metido en el, se enamoro a primera vista, no podía creer en la belleza de dicho vestido, y fue apartando los ganchos famélicos de su lado y los demás vestidos gastados por el uso y por la vista. Se aguanto los respectivos reclamos de los ostentosos trajes de gala que cubiertos entre bolsas de lavandería, miraban con envidia al nuevo vestido morado y odio al infiel closet que las dejaba de lado para mirar nuevos horizontes dentro del universo que permitía el reducido espacio.


El vestido de novia se interpuso de inmediato y con ademanes conquistadores de último momento quiso retener al closet de su encuentro próximo con la nueva competencia. Esfuerzos infructuosos porque en seguido le hizo una zancadilla a su gancho y derrumbándose al fondo del armario y su vergüenza, dio a parar el que alguna vez fue el más importante de todos los vestidos.


Cuando por fin el alma del closet pudo abordar al nuevo vestido morado que ahora enceguecía su cordura y deleitaba su vista, se percato que no era ni de la talla, ni del gusto, ni de ninguna de las características que siempre imponía su dueña a sus prendas. Vio que el vestido que veía era uno de coctel barato y que lo corto de su corte hacia prever que no era el de la dama que siempre depositaba en el la confianza de atesorar sus mejores ajuares. Vio detenidamente el cuarto, la ventana que daba al patio posterior y aterrado se dio cuenta que la que estaba desnuda en la cama era la mejor amiga de su dueña, el que le besaba el cuerpo el esposo de su protectora y amiga de los silencios y que ese vestido por obvias razones no era el de la que tanto le confiaba las mejores combinaciones textiles.

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