
Van intercambiándose los papeles de una obra de teatro que tu te inventaste, pero que ya no controlas. Se moldean escenas de cortes prolongados, comerciales bancarios y una sed de telenovelas baratas en tu ajuar matutino. Ya no eres el director de las cosas que a veces manejas y te das cuenta de que el pin pon rojo que se ubica en tu nariz delata tu nefasto papel que afuera se publicita con una cara tuya en pose sonriente adornada por mil bombillos intermitentes de cien voltios.
Maquillas tu vergüenza en un traje de pepitas de colores para ocultarle al mundo las cicatrices que te han dejado las envestidas recurrentes de la vida. saltas a la arena ríes, musitas entonaciones cuadripléjicas, relatas chistes memorizados y te carcajeas estruendosamente hasta que el publico arroja palomitas de maíz, confetis de colores, babas, tomates y pide a gritos que saquen al borracho maquillado que vomita su alma en medio de la arena…
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