domingo, 18 de noviembre de 2012

DOMINGO, NUTELLA Y RECUERDOS


La mente es una cárcel que constantemente abre ventanas, por las cuales entran tenues rayos de luz, que permiten sacar desde el pozo séptico de las entrañas, flores de loto que  se van expandiendo, a medida de que intentamos abrir lo que pensamos al mundo. La mente es un ensamble de fichas de rompecabezas, que empalma piezas  coloridas con otras  desgastadas de tanto uso y abuso.  Es uno de esos rompecabezas de paisajes naturales  difíciles de descifrar, que con cada empalme proporciona una  pasajera satisfacción, pero que en seguida sugiere una gran bitácora de retos, una seguidilla de insatisfacciones y una cuenta larga de arrepentimientos.





Por ello viendo por el retrovisor de mis pensamientos, se van divisando con nostalgia esos tiempos pasados que se presentaron con la intención de perdurar por siempre, pero que se quedaron en los anaqueles de las experiencias vividas, los rostros recorridos, los cuerpos amados y las caricias fosilizadas.  La mente elabora nostalgias que rememoran esos instantes en los que el corazón palpito con fuerza y los deseos parecían ilimitados. Un universo paralelo en el que al parecer fuimos  más felices o por lo menos estuvimos menos contaminados. Un pasado sin calentamiento global, globalización, reelecciones o miedos que se cimentan en las bases endebles de la adultez.





Nostalgias por esos días de rodillas raspadas, besos robados, escondidas de incontables nacionalidades y sencillez. Nostalgias de tiempos más reales y menos virtuales. Tiempos donde el contacto era real y humano y no digital y sistemático como ahora. Nostalgias por esos días donde el amor era algo valido y no solo un producto más de los tantos enlatados que nos vende esta sociedad de supermercado. Recuerdos, recuerdos y más recuerdos que se agolpan y se acumulan en esas eternas miradas vacías al blanco techo, desde la cárcel mental  de barrotes inquebrantables. 

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