factores, que, como en una ruleta rusa, llegan en nuestra
contra o en nuestro favor. Muchos ven la vida como una bendición. Un regalo
divino que las fuerzas todopoderosas del universo pioneras en imponer vida y
muerte a su antojo. Para otros es un infierno candente que desangra las fuerzas
y se prolonga por el sufrimiento. La muerte también para algunos se puede tomar
como una inmensa tumba con un epitafio doloroso, mientras para otros puede ser
el bálsamo que infiere y embiste de paz. El fin del dolor o de una existencia
insoportable e inviable. Puntos diversos que con su variedad producen tantas conclusiones,
como personas para opinar sobre las mismas. Porque no es lo mismo vivir entre la
hambruna en etiopia, que en una casa de clase media donde puede faltar de todo,
menos la comida. Porque no es lo mismo morir joven por un balazo asesino, a
recibir con agrado a la guadañadora de almas en una cama de hospital con una
enfermedad penosa.
Una dualidad real e inquietante. Una dualidad que todos
inevitablemente empalmaremos para confrontarla…

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