Uno se invade de obsesiones baldías y va llenándose de metas
que paradójicamente cada vez se ven más lejanas y esquivas. Va cargando se de expectativas
sin notar y caer en la cuenta de que el exceso de ellas es la palpable carencia
de realidades. Los años pasan con el
peso de los mismos, vamos creando castillos de arena en la playa que poco a
poco va derribando la marea de los acontecimientos, dejándonos con la misma
pala y el mismo balde con el que empezamos y diseñamos parte de todo este caos.
Uno se llena de eso. De fracasos simultáneos que afligen el alma y hacen que la
idea de irse de una vez por todas de este mundo no suene tan descabellada. Que la
idea de dejarse arrastrar por la marea no sea tan cobarde. Esta no es una nota
suicida. Me faltan muchos cojones para
semejante decisión y segundo hacer una nota así seria algo que preferiría dejar
para hacerlo después. Esto solo es un lapso de descanso en una banca solitaria,
para descansar un poco de la rutina que asfixia y nubla el panorama. Un paso al
lado de un camino demasiado variable para mi gusto. Un paso al lado para tomar
fuerzas y levantarme una vez más, para exigirme a mí mismo la vigencia de dar más
y extinguirme poco a poco y cada vez menos. De renacer como un Phoenix maltrecho
de alas desplumadas y surgir de las cenizas…

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