Todo se empieza a
desmembrar de manera paulatina y el resto de los mortales ni lo nota. Las noticias de los diarios van contando de a
pocos y con retazos de tela maloliente, que las cosas van bien, mientras los
desahuciados se van dilapidando sobre camillas de hospital. Enciendo la televisión en busca de algo que
pueda llenar el vació de esas horas en las cuales nada es suficiente y solo dan
ganas de oprimir el botón “off” para enviar por el desagüe, tanta basura acumulada en espacios televisivos
vomitivos y adictos a la mediocridad. La gente se aferra a discursos de actitud
positiva, de caras felices y realidades utópicas.
Se contentan con saber que las cosas les proporcionan un placer estable y que la
insabora vida, se puede llegar a condimentar con mentiras, falacias y mundos
anexos, a lo que realmente escatima la realidad. Todo pasa en una mañana de
ambiente tenso, lluvia sutil y pensamientos grises. De esos días donde uno solo
quiere que el sueño llegue, para que repare algo de lo que en algún momento se quebró.
Todo pasa, todo cambia y el pasar de los años cala en los huesos la
desconfianza y la poca fe en una estirpe de poca monta como la humana. Luces,
olores amenos y café caliente.
Es increíble la cantidad de sensaciones que se pueden liberar con una servilleta y un bolígrafo…
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