miércoles, 19 de octubre de 2011

EL ARTE DE LA REALIDAD


Como conducta inherente de los seres humanos que somos, elaboramos connotaciones y referencias de la realidad. Esto, para justificar y de un modo u otro clasificar nuestro entorno y las cosas que inevitable y constantemente nos rodean. Elaboramos ciertos paradigmas para encasillar todo. Desde razas, colores, estratos, profesiones, lugares y hasta al mundo (primer y tercer mundo, en un proceso de escalafón económico a veces demasiado visceral).

Esto lo hacemos con el fin de tener cierto control y manejo de algo que a la larga nos resulta intangible, poco llevadero y variable. Algo que los biólogos (otros ejes dentro de nuestro escalafón de posibles realidades), denominan vida. El arte por su parte y siendo la materia que nos compete, nos puede resultar un referente de lo que le pasa a la sociedad y como este puede ser un referente de realidad no solo en lo que vivimos en el día a día, sino lo que puede llegar con el paso de los días en una noción proyectada de lo que como individuos y sociedad podemos llegar a ser.

Un edificio, un cuadro, una galería, un mausoleo, un muro con un grafiti o una iglesia barroca, pueden ser los referentes y el termómetro cultural, social e ideológico de una comunidad en sí, y nos puede dar una idea exacta de lo que el arte referencia y hacia donde lo direcciona. La relación entre arte y tiempo genera un vínculo entre la naturaleza y el artista, en un binomio útil que se transforma en una concepción artística que transforma una concepción puramente subjetiva de la realidad, a una visión completamente equitativa y por sobre todo objetiva de lo que son los ejes centrales de la sociedad de turno.

El arte en mi concepción es una expresión de lo que es la realidad. Es un punto de referencia importante de lo que es la cotidianidad y sin duda alguna es la ventana de escape, para una evolución altruista de lo que consideramos nuestro entorno. Una forma más de salir de la monotonía e intentar romper reglas, aun si estas reglas han sido inventadas y utilizadas con anterioridad, se puede tener el privilegio de que estas mismas son la base para que el entorno se enaltezca con una evolución fluctuante y continúa.


El arte como tal sugiere llevar una buena técnica y ciertas reglas como: seguir ciertos acordes, tomar ciertas reglas gramaticales básicas, elaborar bien un trazo o respetar la escala de colores. Pero también sugiere elevar nuestro talento a nuevos espectros desde este mismo tipo de reglas. Que desde la irreverencia tomemos nuevos campos de acción, retroalimentándonos de lo que hemos aprendido en nuestra academia, los libros las teorías y por medio de nuestras experiencias y necesidades transformemos cualquier lienzo en algo que, objetivamente lleve de la teoría que se debe priorizar para aprender y saber, a la fuerza inventiva que nos debe seguir para innovar y por ende escapar de la monotonía de que solo lo que vemos en un gran cuadro de anteriores siglos, es arte.

Ya para concluir, el arte como imagen a lo que nos invita los filósofos griegos como Platón, Aristóteles y Sócrates es a analizar cuando se ignora la estructura constructiva del arte y como por medio de las artes miméticas y su referencia los antecedentes que a esta atañen, infieren y derivan en una actualización de las formas de expresión artística (no solo las que necesitan una imagen para trascender), nos dan una perspectiva más amplia de lo que es la sociedad actual, como se ha influenciado por los nuevos cambios sociales y para donde quiere evocarse o dirigirse. La historia como proceso creativo es una gran fuente de conocimiento y experiencia, pero si solo nos evocamos a ella como única fuente, dejamos a un lado nuestra capacidad de evolucionar en todos los aspectos cotidianos y artísticos ya que debemos cobrar conciencia en que seguir con los mismos parámetros en una sociedad tan metamórfica es absurdo.

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