domingo, 9 de octubre de 2011

DOMINGO + CAFÉ FRIO = NOSTALGIA


Hace ya bastante tiempo que mis reflexiones no se basan en mis fluctuantes estados de ánimo, ni en los círculos viciosos que recurrentemente suelo tomar para darle algo de nefasta dinámica a mi existencia. Hace ya muchos días en los que las nubes de aguaceros etéreos no golpean en mi ventana y me permiten divisar el paisaje sin la brusquedad de las emociones colmando mi ser de la placida sutileza de la razón. Hace muchos días que el orgullo se desplazó forzosamente y sin dejar rastro, se esfumo por los valles de lágrimas que ahora desde la carretera se divisan con lejanía.

Amar es quizás el mejor sentimiento que exista. Es una somnolencia que permite que tu vida se adhiera a la de otro ser igual de inestable a ti y de allí se irradie una sensación de bienestar y calidez. He querido mucho y he pasado tiempos memorables con personas que en su momento idealice, pero que como todo en la vida se fueron y dejaron huellas en la arena tan largas y apartadas que la misma desidia en carne viva aparece para aplacar esas cenizas que dicen que quedan cuando sobre la superficie se avivo alguna vez un fuego extraño.


Extraño eso. Los domingos de arrunche, las llamadas de información, los besos recurrentes, los helados, los cines, los tequilas y demás artificios que se van desglosando de una relación medianamente cercana con otro ser. Extraño poder decirle a alguien lo mucho que me importa y o mucho que vale para mí. El amor nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros y desarraigarnos de lo que consideramos propio en nuestra falsa ilusión de la realidad.



Me gustaría amar. No para que me amen, pero si para poder sentir algo que se fue. Algo que lastimaron en su momento y que se acorazo de tal forma que parece que nunca hubiera querido en mi vida. Me gustaría retomar eso que deje en el baúl de los recuerdos, los corazones rotos, los tenis más queridos y el jean roto que nunca a pesar de las aberturas y las polillas, no osamos en regalar. Por eso no prometo nada, de hecho no tengo mucho que ofertar, solo puedo darme la oportunidad de permitir que las cosas sucedan y que las pesadillas y miedos del pasado no interfieran o llenen de prejuicios el ambiente. Prometo ser yo otra vez, un personaje sin esa careta de indiferencia que ya a esta altura de la partida me queda ridícula.




Esta frase me la encontré por ahí, y es un comentario que alguien hizo y motivo este post:
“El amor es una estrella deliciosa que cuando se une a nuestra piel, nos enciende y hace estallar como fuegos artificiales.”

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