lunes, 18 de marzo de 2013

EL VERDADERO VILLANO: MARIO BROSS







Todo parece raro, diverso, confuso y lejano. Todo se mueve en ondas tenues de luz que van a encallar en puertos de limpias y doradas playas. La gente sonríe y todos se abrazan en torno a frases de colores, miradas amenas y vidriosas. La vida se va moviendo conforme rige la dinámica de este mar pacifico que baña esta hermosa playa peruana. En mi mano una botella de pisco limeño va dilucidando el movimiento propio de la vida costera y ojos palpitantes, contrastan con  las miradas sobrias y alegres de los que, en una ola de crestas sorprendentes, muestran su pericia sobre una tabla de surf.




Hace unos tres días no ocurría esto. Yo estaba en una oficina del norte de Bogotá, mi ciudad natal, dilapidando los momentos de mundo real, por una consignación mensual y un par de lastimeras prestaciones sociales.  Encerrado en un cubículo como una res a punto de ser sacrificada, mientras mi vida se preparaba para crecer en el infierno.  Una lógica absurda que me llevo a escribir esto. Una lógica que me llevo a deducir que mis días habían sido subordinados y conducidos a los periplos infernales, por los que en su momento parecieron héroes. Una lógica elaborada por los días de infancia, donde me la pasaba todo el tiempo con mi Supernintendo jugando el videojuego más conocido y más famoso del mundo: Mario Bross.





Si, Mario Bross, ese fontanero de pantalones azules y gorra roja que se empeña radicalmente en una travesía épica, por una princesa que es raptada por un dinosaurio “humanizado”, y que se  enfrenta a toda clase de escenarios, con el fin de recuperarla y recibir un beso en la mejilla. Un fontanero bonachón y de acento italiano, que masacra tortugas, hongos, plantas, seres alados y toda clase de obstáculos, con el fin de llegar a su cometido: salvar a la princesa Peach (por eso la frase MUY colombiana, de culminar un videojuego, sea de guerra, futbol, aventura, de rol etc  y decir: “lo rescate”). Eso no es malo. De cierta forma enseña con entereza, la capacidad  que tenemos  de trazarnos objetivos y metas, luchar por ellas y al final, sin importar  el esfuerzo, alcanzarlas.  Lo malo no es esto. No voy a juzgar valores ni mucho menos. Lo malo es la concepción de capital que nos implanto (no sé si intencionalmente, y si lo hizo, ese muñeco es un hijo de puta), haciéndonos ver que la vida se gana con un determinado número de monedas y que por ellas este hecho se justifica. Todo. Todo eso que en esta única oportunidad se va desvaneciendo como en este momento se desvanece este puñado de arena en mis manos abiertas. Mario Bross nos enseñó a aplastar a nuestros enemigos, destruir a nuestros detractores y abandonar a nuestros amigos (como cuando dejábamos a Yoshi morir cayendo en el abismo para saltar más alto), para seguir adelante. Un pésimo ejemplo que tomamos de manera constante alienando nuestros sueños en un cubículo de oficina, donde dilapidamos esta UNICA vida. Un ejemplo que acatamos como borregos, en una realidad donde no existe un hongo verde (paraíso psicotrópico), que nos la reintegre. Mario Bross nos hizo creer que  todo esto era cierto y nosotros le creímos porque nos reía en la cara,  mientras nos clavaba el puñal en la espalda y nos implantaba el mal en el subconsciente.





Yo vivo la vida de miles de millones de seres sedentarios que se van por los caminos de la existencia sin hacer pausas, en busca de monedas para pasar por mundos (las apariencias), edificar castillos (los sueños fotocopiados de una casa, una finca y una posición social), no trabajar en equipo (Luigi era un cuento aparte en la travesia), e ir detrás de princesas (las banalidades), despilfarrando lo realmente importante y verdadero: la vida. Ese lapso realmente sublime que se va sin darnos cuenta, dejándonos canas y miles de momentos vacíos por dejar lo más vital para después, para ese futuro que nadie sabe si va a llegar. Por eso creo que son necesarias las pausas para analizar eso. Para estar conscientes de que somos Hámsters en una rueda fabricada por un sistema que va descartando a los menos aptos. Un sistema que hace una brecha cada vez más grande entre los que tienen más monedas (los ricos), y los que alcanzan unas pocas para sobrevivir (los pobres). Un  sistema que en cualquier momento tendrá que colapsar y que solo hasta que ese momento se dé,  caeremos en la cuenta de su sordidez y superfluidad.





Mario Bross nos jodió y lo sabe, se ríe y pica el ojo. Mario Bross es el villano más audaz y el único realmente perverso de ese videojuego que tanto trasnocho mi infancia.





Infancia destruida en 3….2…..1…….

1 comentario:

  1. No se si el video juego, Mario Bross o simplemente la dinámica en la que nos movemos diariamente, respondemos a unas coordenadas que nos crean necesidades, que nos hacen ver carencias en donde no las hay, nos incitan a obtener cada vez más cosas materiales y aquellas cosas por las que en realidad vale la pena detenerse son las que se descartan por parecer tontas, ridículas y cursis. Solo en algunos momentos unos pocos intentamos darle un sentido y un toque diferente a ese día a día valorando cada amanecer, cada sensación de frío o calor, cada mirada brillante que se cruza frente a la nuestra y que nos permite comprender que la vida va mucho más allá de tener montones de objetos que nos han impuesto, se trata de comprender la trascendencia de cada instante y valorarlo como único e irrepetible...Ojalá logremos cada día muchos más alcanzar esa sensación de "libertad" que solamente brinda el hecho de sentirse felices con lo que se hace con lo que se piensa y con lo que se dice...

    Excelente escrito!!!!

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