Noche sin luna, noche rota, vidrios en el piso y vasos hasta
la mitad. Olores de humedad, zapatos sin lustrar, miedo y el techo como
firmamento. Ansiedad, sed, hormigueo en las manos y un vaso de whisky. Ropa en
el piso, colillas viejas y un ladrido de perro de fondo. Pánico, suplicas,
llanto, ira y deseos. Flores, sangre y giros. Lluvia, manos entrelazadas,
soledades compartidas y narices frías. Pupilas dilatadas, miradas pérdidas, humo
de cigarrillos, una copa, dos copas, tres copas y lucidez.
Once de la noche, gritos, pasos en falso, cervezas y pensamientos suicidas en las tasas de té. Cambios,
intriga, nostalgia y un tequila con sal.
Es una larga noche. Una noche que se adorna con la frase:
No quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no
quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero
pensar, no quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar…
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