viernes, 13 de septiembre de 2013

LA OLA

Como individuos sociales vamos formando desde nuestros inicios, clanes diversos que nos separan, identifican,  encasillan Y/o clasifican en distintas formas  de ver el mundo. Fundamentamos en nuestra subjetividad exponencial, todo lo que vemos y transformamos nuestro entorno desde ese punto de vista, desde esa forma de pensar, sentir y vivir. Impostamos a los demás lo que creemos que es  o no correcto y deliberamos sobre temas desde estos mismos preceptos. Edificamos ítems y patrones donde desde un punto de  vista unidimensional,  ubicamos en el contexto de la realidad lo que creemos y lo que abanderamos. Es esa capacidad del hombre de distorsionar el mundo y la visión del mismo, según sus ideales, sus ambiciones y sus más siniestros instintos la que nos hace únicos. Como de las mismas falencias y precariedades, emerge la necesidad de crear sentidos de pertenencia y fanatismo que se abren paso codo a codo y con violencia para hacerse notar. Como la alienación de las masas puede distorsionar el orden correcto de las cosas y como el fanatismo de todo tipo,  puede desembocar en un dantesco escenario lleno de seres errados y perdidos en el laberinto de los egos.




 Como el ansia de pertenecer a algo o a alguien, nos hace esclavos de reglas dictatoriales que nos convierten en marionetas volubles, dóciles e idiotas. Como los radicalismos se convierten en la semilla del odio y como la libertad individual es aplastada por dogmas enfermos que nos convierten en los lacerados peones del ajedrez de los gobernantes. La ola es una película que no se aleja de la realidad y es fiel espejo de una sociedad convulsionada por esquemas contemporáneos de esclavismo. Esquemas como Facebook, el capitalismo, los medios de comunicación, los realityes, el futbol y la educación en general. Esquemas que manejan una masa de autómatas e idiotas útiles que sirven de carne de cañón para redes sociales insulsas y falsas, capitalismos desbordados y salvajes, medios de comunicación que se venden al mejor postor,  “barras bravas” que al no tener identidad matan por el color de una camiseta y sistemas educativos que catalogan con una normativa cuantitativa y numeral la mente de estudiantes que repiten circularmente lo que otros en el pasado ya han repetido.





Este film es una invitación a reflexionar sobre lo que es bien visto para la sociedad y lo que en realidad es correcto. Como nuestro afán de colectividad nos avoca a seguir ideales que crean un marasmo somnoliente como el de la Alemania nazi (donde la sociedad civil no nazi nunca se manifestó ante la barbarie y el holocausto judío), o el de este país que padece por la fragilidad de su memoria. Una reflexión que invita a mirar más allá de lo que los otros nos quieren mostrar como realidad y palparla desde una objetividad valiente que derribe aquella frase lesiva: “el fin justifica los medios”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario