Como individuos sociales vamos
formando desde nuestros inicios, clanes diversos que nos separan, identifican, encasillan Y/o clasifican en distintas
formas de ver el mundo. Fundamentamos en
nuestra subjetividad exponencial, todo lo que vemos y transformamos nuestro
entorno desde ese punto de vista, desde esa forma de pensar, sentir y vivir.
Impostamos a los demás lo que creemos que es
o no correcto y deliberamos sobre temas desde estos mismos preceptos.
Edificamos ítems y patrones donde desde un punto de vista unidimensional, ubicamos en el contexto de la realidad lo que
creemos y lo que abanderamos. Es esa capacidad del hombre de distorsionar el
mundo y la visión del mismo, según sus ideales, sus ambiciones y sus más siniestros
instintos la que nos hace únicos. Como de las mismas falencias y precariedades,
emerge la necesidad de crear sentidos de pertenencia y fanatismo que se abren
paso codo a codo y con violencia para hacerse notar. Como la alienación de las
masas puede distorsionar el orden correcto de las cosas y como el fanatismo de
todo tipo, puede desembocar en un
dantesco escenario lleno de seres errados y perdidos en el laberinto de los
egos.
Como el ansia de pertenecer a algo o a
alguien, nos hace esclavos de reglas dictatoriales que nos convierten en
marionetas volubles, dóciles e idiotas. Como los radicalismos se convierten en
la semilla del odio y como la libertad individual es aplastada por dogmas
enfermos que nos convierten en los lacerados peones del ajedrez de los
gobernantes. La ola es una película que no se aleja de la realidad y es fiel
espejo de una sociedad convulsionada por esquemas contemporáneos de esclavismo.
Esquemas como Facebook, el capitalismo, los medios de comunicación, los
realityes, el futbol y la educación en general. Esquemas que manejan una masa
de autómatas e idiotas útiles que sirven de carne de cañón para redes sociales
insulsas y falsas, capitalismos desbordados y salvajes, medios de comunicación
que se venden al mejor postor, “barras
bravas” que al no tener identidad matan por el color de una camiseta y sistemas
educativos que catalogan con una normativa cuantitativa y numeral la mente de
estudiantes que repiten circularmente lo que otros en el pasado ya han
repetido.
Este film es una invitación a reflexionar
sobre lo que es bien visto para la sociedad y lo que en realidad es correcto.
Como nuestro afán de colectividad nos avoca a seguir ideales que crean un
marasmo somnoliente como el de la Alemania nazi (donde la sociedad civil no
nazi nunca se manifestó ante la barbarie y el holocausto judío), o el de este
país que padece por la fragilidad de su memoria. Una reflexión que invita a
mirar más allá de lo que los otros nos quieren mostrar como realidad y palparla
desde una objetividad valiente que derribe aquella frase lesiva: “el fin
justifica los medios”.
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