
La felicidad es casi siempre una escapista profesional que no se limita por las cadenas de la riqueza, los lazos de la certeza o los grilletes del amor. La felicidad es el fin que justifica todos los medios, los sacrificios, todas las inclemencias y todas las fechorías que son perpetuadas por la desdicha y la mala suerte.
La felicidad es la botella de agua que esta en el oasis que limita el desierto de la realidad, la cruda realidad. Es un buen punto de referente para inclinar nuestras fuerzas, nuestros corazones y hasta el último aliento que tenga esta vida. La felicidad se justifica como fin único que nos pueda apremiar en un mundo con una concepción de la misma totalmente material y que sustenta la felicidad por medio de la acumulación de capital y no con la concepción de la belleza de los momentos sencillos y las pequeñas olas de alegría.
concibo esto como un fundamento y quiero que lo que deparen los días sea una brisa de estos esporádicos momentos en el que la alegría y las cosas que sustentan la felicidad asoman la cabeza por la ventana. Espero que los rayos de luz no se eclipsen por somnolencias que están constituidas por miedos, avaros propósitos e ideales sin alma ni corazón. Quiero que la felicidad llegue a mi vida más a menudo, y cuando se aparezca de seguro no vacilare en desafiar a la monotonía y las reglas auto impuestas para salir corriendo detrás de ella.
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