
Polemizar sobre estados mentales es un atropello ante los habitantes de un mundo loco que en el epitafio de su inevitable final declararía como mentor la sagrada demencia inmaculada de cualquier duda. Hay estereotipos razónales que nos limitan a ser los gestores de una acumulación de capital que solo nos hará espectadores de la mutilación que nos impartimos así mismos y que solo producirá laceraciones en el alma y amputaciones ideológicas.
Ser loco es consumir la esencia de este mundo que con su demencia crea paraísos financieros en suiza, hambrunas en áfrica, fiestas pomposas de niños ricos que muestran su estúpida opulencia hasta en los dientes y pobreza extrema en Colombia que el gobierno solventa vendiendo agua embotellada. Ser loco es una ventaja que no necesita ser actuada o recitada desde moldes sociales o mascaras insulsas que se utilizan a conveniencia dependiendo la situación, el interés o la necesidad que con su cara canina se vende al mejor postor. Ser loco es atreverse a ser un poco mas y alejarse del bulto de cadáveres que se agolpan en las calles, los centros comerciales, las revistas de farándula, las paginas sociales y los noticieros. Ser loco es la posibilidad de pensar que este es un mundo indomable y que por ende hay que tomar las riendas fuertemente para no salir dando botes y terminar cuadripléjico en una silla de ruedas como Superman.
Por ello me gustan los ratos de locura en los que soy mas consiente de lo que me rodea y entra el afán natural en mi vida de mostrar las cosas que desde una perspectiva personal siento. Me gusta que afloren en los intervalos de demencia, letras, sentimientos, verdades, palabras, besos, buenos deseos y la necesidad inherente de saber más. De resto, es un conjunto de funciones biológicas y alienantes que cumplo por estar metido en una sociedad que como todo sistema, esta compuesto por engranajes bien puestos y esclavos que los alimentan…
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