lunes, 18 de abril de 2011

UNA NOCHE DE SOBRIEDAD


Sale el tumulto en busca de somníferos legales e ilegales que los ausenten de la realidad por un instante, por unas horas, por lo que les quede de noche o de vida. Se ponen los mejores o menos gastados ajuares textiles que les permitan desenvolverse de la manera correcta en el supermercado de las relaciones interpersonales que ofrece como todo mercado común, una variedad de estados de ánimo, sabanas ajenas, amistades de papel y luces multicolores que dan a pistas de baile gastadas de tanto ser pisoteadas.
Se ingieren grandes cantidades de líquidos para olvidar por un instante el hecho de vivir una existencia efímera, el hecho de haber decepcionado al resto de los mortales o las deudas y compromisos que vendrán el lunes y sus juegos artificiales cargados de saldos en rojo, resaca moral y deudas.
Se pulen en diálogos prediseñados y abren sus alas como los pavos reales con el único fin de sacudirle el cuerpo ala pava incauta de turno o al pato famélico que obligue la decadente necesidad.
Después deque el efecto de los tragos noquean las neuronas y los movimientos torpes del cuerpo delatan y son el reflejo de lo insostenible del surrealismo inducido. Hasta que toman la decisión sensata de volver a la realidad y se meten el dedo en la boca para vomitar y así expulsar en el inodoro sus frustraciones, sus desengaños, sus días pálidos, sus sueños irrisorios, el desayuno y dos o tres ardillas que jugaban parques en su intestino grueso. Mientras, sigo bebiendo agua y lidiando con un ambiente del cual a veces hago parte pero que con el bálsamo de la lucidez ahora empiezo a detestar.

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