miércoles, 20 de julio de 2011

VENGANZA


Junto al enemigo las defensas sucumben, se te baja y parten sobre ti un millón de corsarios que arremeten en tu humanidad y crean un hormiguero que llega a la paz motora de tus venas, no sin antes traspasar cada poro de tu piel en un ir y venir sediento de sensaciones diversas que marañan y suben por tu espalda, se deslizan por tu medula ósea y se difuminan en las costillas para arañar tus pies y desaparecer en tus millones de talones de Aquiles.


Siempre hay cambios de bando repentinos que no se someten a los designios de nadie y que se coronan así mismos en un mar de lucidas mentiras, placidas somnolencias, temores escondidos y patriarcados maléficos. El enemigo se alimenta de todo el bien, el mal y la traición para condensar en sus manos la pócima dulce, fría y latente de la venganza. Esa que se tiñe de sangre, rabia, impotencia y dolor mientras el puñal entra una y otra vez en tu lacerado cuerpo. Ese que en cada entrada, y centímetro por centímetro te extirpa la vida como si fuera un tumor maligno en medio del cráneo sin compasión y hace que tu cuerpo se torne azul como el cielo, como el mar, como los ojos arios de los europeos que se niegan a contemplar el carácter mestizo del inicio de todo y azul como la denominación de la sangre de los que se hacen llamar reyes. Caes, tocas el piso y el sigue ahí, arremetiendo contra tu humanidad , mientras la vida y un poco mas se te va.

Silencio.

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