
Uno se queja del mundo que le toco vivir. Se queja por las inclemencias del clima, las hambrunas de los desvalidos, las guerras sangrientas y hasta del destierro de los osos polares. Nos quejamos de todo. De lo que hay, de lo que no hay y de lo oculto.
Nos quejamos y vemos televisión y nos embutimos una tonelada de comida chatarra, bebemos como si el mundo se fuera a acabar y contaminamos como si todo fuera un ente material que como todo a nuestro alrededor tiene repuesto y no es tan indispensable.
El mundo vive un frenesí, donde valen más las cosas que las personas y los más tenebrosos fines ameritan los más macabros métodos. Nos quejamos, pero no actuamos, no pensamos, no sentimos esto que nos desolla la piel en cada instante. Escribo esto porque quiero dar estas letras para empezar algo que cambie así sea una milésima el mundo que habito, algo que por lo menos logre apagar un televisor que hiede a novela barata y abrir un libro…
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