
Liquido, tiempo, sonidos estridentes y fluctuaciones nerviosas en un meollo cataclista que se empeña de manera tacita a abrirse paso. Prohibiciones pasajeras se manifiestan en hojas de papel iris, mientras la cabeza deambula por sillas sin espaldar y voces entrecortadas que anuncian elefantes morados y chistes que solo entienden ellos.
Secuencias consecutivas e insolubles se agolpan en líneas estridentes, lápices de colores y mamarrachos hechos con temperas baratas que luchan por inmortalizarse en lienzos costosos o en vedettes eternos. Cuadros viejos y nuevos se intercalan en una exposición de necesidad de reconocimiento y hambre de fama. Miradas inconclusas, falsas y perdidas se intercalan en sus lienzos que adornan una pared ufana y desierta que se prostituye con el itinerario de cada semana.
Miro, me pierdo, me aburro y salgo.
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