
Los días de colores se nublan en una ensenada uniforme que se divisa desde la cumbre de las esperanzas, los sueños y aquellos pensamientos bonitos que emanan de los días en que encontramos un billete en un pantalón viejo, una carta de amor en un libro, nos ganamos una rifa o recibimos un premio por algo.
A veces los tonos cálidos se quedan quietos en una pausa rara que obliga a la reflexión y a cuidar cada paso que se de por este valle de espinas, luces de neón, sombreros mexicanos y algodón de dulce morado.
A veces la existencia es una pelota de bádminton que nunca cae pero que se debate entre pros y contras, dulces y amargo o buenos y malos momentos. No es necesario tomar una posición radical en cuanto a todas estas cosas que inevitablemente pasan. No es bueno ser reacio a todas las formas de aprendizaje que nos entrena para hacer lo posible por un mundo mejor y con menos lagrimas de tristeza y grandes llantos de risa.
Creo que varias cosas están cambiando en mi y se de antemano que lo que debo hacer en pro de los muchos que esperan algo de mi, radica en estas luchas internas que cotidianamente no solo vivo yo, sino también los demás que hacen parte de este espectáculo llamado vida. Miro, respiro, aprendo y existo, una buena premisa para tanta reflexión bifurcada.
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