
La muerte me da mucho miedo. Creo que el paisaje dantesco que fulgura en la retorica cristiana y las bases de temor que inculco la vida desde sus primeras enseñanzas me hacen pensar en el flagelo que azota los puntos sensibles de mi piel. No se si abra un lago de fuego para tanta gente mala, un tortuoso purgatorio para tanta gente hipócrita o un cielo para los soñados hombres de bien. No lo se. No se si esto acabe entre esos tres planos o en un eterno sueño.
No se, y no saber me llena la cabeza de temores como en todos los aspectos de mi vida. No saber genera en mi una vulnerabilidad tan grande que crea dudas en mis mas firmes certezas. Soy de los que busca el control en todos los aspectos de la vida y que se vuelven un ocho, cada vez que el piloto automático exterior se dispara sin mi consentimiento, ni poder hacer algo.
La muerte es misteriosa, sutil y certera. Se lleva a los que mas quieres u odias. No mide rangos y es equitativa en un mundo de tantas realidades paralelas. La muerte no sucumbe a la razón del hombre y se ufana de su casualidad. La muerte es salida, entrada e inexactitud…
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