
Hay un play mental en las canciones que dan con determinados momentos de la vida. Son como compilaciones de tu “rockola” mental que se aglomeran en puntos específicos de tu estado de ánimo y las rotaciones conceptuales de tu existencia.
Es una banda sonora inherente de tu ser y que va desde los mas jubilosos cantos en los días y momentos felices, hasta las mas melancólicas y tristes que emanan de los días en los que la vida y la ocasión de turno te da la espalda e infringe dolor en tu ser.
La música es eso. Un quinto elemento fugaz y placentero que nos lleva a sitios donde la existencia es más amena y la visceralidad del cotidiano día a día se hace mas llevadera. La música es vida y autonomía. La usamos, utilizamos, manufacturamos, inventamos y hasta industrializamos, pero no es de nadie. Es del receptor que se apropie de ella en una ocasión que derive en lucidez espiritual.
Se es libre escuchando una ranchera en pleno despecho, una balada en el auge del enamoramiento, un vallenato en tierras lejanas, una salsa en plena feria de Cali o una sinfonía para amenizar una inquietante lectura. La música es eso, libertad, expresión, aplomo vital y una salida a la maquinización a la cual estamos condenados por seguir el rumbo de nuestra codicia…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario