
Cuando se fomentan lógicas de sandias, cerezas negras y tranvías acuáticos, la vida normal se atasca y los días se vuelven aun más largos, tortuosos, dispendiosos y obsoletos. Cuando lo que queremos se cae o se da de frente contra el muro de la realidad y la monotonía, es cuando nos toca ponernos el uniforme de los miles que cumplen horarios, tienen hijos, una esposa, fornican con la empleada del servicio y se toman unos tragos los fines de semana para sonreír y escapar de una realidad asfixiante. Y en la mañana de domingo, con resaca, irse a confesar ante dios, lo bien que la pasaron, pero lo mucho que supuestamente se arrepienten…
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