
No tiene sentido sortear una molestia compartida e impuesta bajo el tormento emocional de una vida en pareja, manejado desde la disfuncionalidad. Muchas personas se unen en relaciones tortuosas en las cuales los índices de afecto siempre están en el margen rojo y las pulsaciones de las emociones amenas ponen la aguja en el tanque vacio.
Muchos van de la mano con su peor enemigo bajo un rotulo dosificado esconden. Ilustres gestos se lanzan como una piñata gigantesca que con un bate de grandes logros se acaba por golpear. Sonrisas dibujadas con lápiz labial y delineadas con un poco de hipocresía sutil se flora en un jardín de temas heterogéneos que conducen al mismo punto y desde allí dan dos vueltas en un circulo cerrado de opiniones, frases memorizadas, anécdotas ensayadas en el espejo y whisky, mucho, mucho whisky.
El pecho se me llena de aire, fatiga, fastidio, escotes, miradas pasajeras y un aburrimiento tenaz. No tiene sentido compartir tu espacio con un hermoso maniquí frio y hostil. No tiene sentido hacer lo que no eres capaz de solventar y por ello te desapareces, te difuminas, escapas…
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