
Una concepción errónea me invade hace unos días. Una costumbre costurera, me sutura los días y me infringe un animo paupérrimo que se le combina con mis lagunas internas, que por el invierno despiadado de los días, con gotas pesadas tiende a colapsar.
Se plasman en las paredes de mi mazmorra. Jeroglíficos inconsecutivos que se acercan a la realidad, como un pato asustado y una manada de hienas. Hay frio, sudor, malos pensamientos, atascos vitales y lágrimas secas en mi repertorio mediático y presente.
Se forman las pirámides de mis castigos auto impuesto y en la escala jerárquica solo me permite disponer de la base. No se que hacer, medito pienso y veo el ajedrez para ver que jugada seguirá en este enorme tablero. Sufro ante cada jugada y se me bajan las preferencias ante cualquier riesgo. Vivo, sufro, pierdo y a veces gano.
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