La noche y su adrenalina transita las venas y pone al máximo el velocímetro sobre los rieles del destino y las consecuencias, buenas o malas. Se abre paso como una gacela rampante en los valles de la agonía general y cubre de luz parpadeante los puentes peatonales de los que han escogido la conveniencia como modo de vida y causa de muerte.
La noche descifra quien acierta y quien miente en este rio caudaloso y traicionero que premia a los vivos o corruptos y castiga a los muertos y honestos. Es un velocímetro de única vuelta que exprime a cada participante y lo obliga a doblar su gota de sudor en cada pedalazo, en cada brazada de esfuerzo sobre el manubrio y en cada gesto de fuerza.
La vida es un implacable juez que solo tiene en mente un único fin y que del cual esta tan seguro que nos da este calvario para titubear, equivocarnos y al fin caer en una calle, una cama o como acá, debajo de un famoso tren.
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